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Groenlandia.
Fábrica
helada de sueños cálidos.
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MARTA DE LA TORRE
Una
de las consecuencias de ese fenómeno conocido como "globalización"
que estamos viviendo es esa falsa sensación de cercanía que todos
tenemos acerca del resto del mundo. Afortunadamente, Groenlandia
es uno de los pocos destinos que se ha escapado levemente de esa
sensación de que podemos aprisionar cada rincón del planeta.
Este
es el relato de un viaje, como casi todos, a lo desconocido y en
el que ahora puedo afirmar que la autenticidad de todo un país
rebasa las fronteras de lo alcanzable y los umbrales de la
percepción.
Siempre los viajes se configuran como paréntesis en nuestras
vidas.... como páginas de recuerdos que separas completamente de
tu vida cotidiana... esas pequeñas metas que hacen que la podamos
convertir la rutina en cuentas atrás hacia el premio... hacia el
viaje.
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Camino
del Gran Norte |
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Viví los días anteriores a mi partida con esa infantil
inquietud. Con olor a goma de borrar y a lápices nuevos,
como el día antes de irte de excursión con el colegio o el
último día antes de las vacaciones... con un "nudito" en el
estómago mezcla de nerviosismo y alegría que tenemos todos y
que, en mi caso, me lleva a noches un poco funámbulas e
insomnes que acaban en la nevera... Pero al fin llegó el día
de la partida y con él, el derrumbe de todos mis sueños y el
inicio de todas mis sorpresas.
El paso previo a la llegada fue una reconfortante parada en
Copenhague. Llegaba a un país que creía de hielo permanente
y me encontré con una tierra verde y viva, con un clima
austero y con unas gentes cálidas y sinceras... Como no,
Groenlandia, y mas concretamente Narsasuaq, dada su latitud,
no está permanentemente helada... en mayo se produce el
deshielo de la mayor parte de los fiordos de la zona y ello
genera que sus habitantes tengan que sustituir las motos
para nieve por los barcos...
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Sus gentes...
los mal llamados "inhuits" (puesto que inuit quiere
decir "hombre") son los descendientes de los primeros
pobladores de esta inmensa isla. Se han encontrado restos
arqueológicos de unos 4.500 años de antigüedad coincidentes
con los utensilios encontrados en Alaska, esto demuestra que
fueron los pobladores de Alaska los que sucesivamente fueron
avanzando, atravesando todo el continente americano y las
aguas heladas del mar de Davis hasta llegar a Groenlandia...
las razones de sus movimientos seguramente fueron la
búsqueda de zonas de buena caza para su sustento.
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Ajenos al
tiempo enlatado |
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Jamás hubiese pensado que el hielo escondiese mil y una
historias... que cada veta te hablase de un día cualquiera en
el calendario del mundo y a la vez de milenios... que las
gentes que pueblan este territorio tuviesen unas sonrisas tan
cálidas como para sublimar el hielo en miles de nubes.
El
propósito de nuestro viaje no era otro que el de empaparnos de
una de las esquinas geográficas más desconocidos de todo el
planeta... la mal llamada "tierra verde" (Greenland) recibe su
nombre porque un día, cuando los audaces vikingos llegaron,
así lo fue. Así pues, desembarcamos sorprendidos por la
ausencia de nieve, pero pronto aprendimos a ver "mas allá" de
nuestros ojos. Narsasuaq, el primer suelo groenlandés que
pisamos, no es más que los restos de lo que fue una antigua
base militar durante la Segunda Guerra Mundial. Unos 50
habitantes se reparten entre el ajetreo del aeropuerto y el
del hotel. Nos esforzamos en comprender la excepcionalidad del
viaje y lo extraordinario de cada día. Supimos de las bruscas
y adversas variaciones de tiempo que obligan a continuas
cancelaciones en los vuelos.
Pero, una vez allí, es cuando todos desarrollamos una pasmosa
capacidad de adaptación y todos conseguimos olvidarnos de la
prisa, de los horarios, del reloj... supimos entender el modo
de vida de unas gentes que reciben a través de la televisión
imágenes de un mundo de consumismo desordenado que tanto les
cuesta comprender.
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De la Mano
del Hombre que surgió del Hielo |
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Establecidos en el único hotel de Narsassuaq, el que será
nuestro campamento base, realizamos un trekking de todo
el día de duración a través del valle de las mil flores.
Desde allí, y una vez superada la prueba del ascenso, pudimos
ver con una cercanía inusitada el glaciar Kiattut... ante
nosotros empezaba una capa de hielo infinito que es el 80 por
ciento de Groenlandia... kilómetros y kilómetros de aridez y
de terreno abrupto... casi inabordable... sólo los más
valientes han sido capaces de introducirse y de salir para
contarlo.
Gracias a Ricardo, nuestro maestro de ceremonias y padrino en
Groenlandia, y a sus años vividos en esa tierra nuestro
viaje estuvo maravillosamente aderezado por sus vivencias.
Recuerdo algunas tardes en las que con sus charlas aprendimos
más sobre el terreno que pisábamos, sobre su historia y su
gente... sobre la durísima noche polar y sobre gentes que aún
hoy en día viven enclavadas en el siglo XIX.
Comunidades de vida en las que los hombres son los
responsables de toda la población a la que sustentan saliendo
en busca de osos polares a los que hay que seguir el rastro
durante días y días, sin más medios que un rifle y un trineo y
sin apenas provisiones. Su confianza en el éxito les lleva a
partir siempre en la esperanza de no encontrar apenas
adversidades
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Fuente de
Valores y de vivencias |
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Es
increíble la inconsciencia que nos da el progreso. Salir de
nuestra rutina a parajes tan poco “domesticados” nos sirve
para comprobar el letargo en el que vivimos sin darnos cuenta.
Aún existen hombres que viven “sobreviviendo”, que valoran
cada despertar como un regalo y cada rayo de sol como un
tesoro que guardar para asegurarse su mañana. He descubierto
una vez más que mientras nosotros “desvivimos” la vida de
forma inconsciente hay aún miles de almas que se beben la vida
saboreándola sorbo a sorbo.
A
nuestro gran viaje le sucedieron viajes en barcos balleneros
hasta otras ciudades del sur de Groenlandia, rutas en Kayak
entre icebergs y un inolvidable vuelo en helicóptero hasta el
“inlandis”. Como siempre que las vivencias son realmente
intensas, el lenguaje queda realmente parco para describir el
silencio del hielo, el rugir de la banquisa sobre el casco del
barco o la sonrisa de quienes saben que todo lo que respiras
desborda hasta el infinito tus expectativas.
Más que un viaje a través de Groenlandia, fue Groenlandia la
que se paseo por nuestro interior activando la esencia que
despierta los sentidos, el instinto y, sobre todo, el valor de
los valores inservibles en un mundo que a pesar de todo
quieren que sea “global”. |
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