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Auroras boreales, grandes montañas y glaciares, icebergs, ballenas, los inuit, el silencio...
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El cielo es gris y la nieve muy blanca; un grupo de hombres, mujeres y niños marchan a buen paso hacia el norte en busca de una de las cuatro
inmensas columnas que unen la Tierra con la bóveda celeste. A lo largo del viaje cantan, ríen y cuentan historias que hablan del respeto por la Tierra y
por los espíritus que la habitan, de un amor sin ley y sin pecado, del desprecio por la soberbia y el engaño, y de una vida dura, cruel a veces,
pero fiel a los ritmos secretos de la Naturaleza.

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Aurora (fenómeno atmosférico), luminosidad que se produce a gran altitud, y generalmente por encima de los 60° de latitud, aunque también se observa en otras zonas. Según se produzca en el hemisferio norte o sur, se denomina aurora boreal o aurora austral.

El término de aurora polar se aplica en ambos casos. La aurora consiste en manchas y columnas luminosas rápidamente cambiantes, de varias tonalidades. Los fenómenos de aurora extensos están acompañados por perturbaciones en el magnetismo terrestre e interferencias con las transmisiones de radio, teléfono y telégrafos. Los periodos de máxima y mínima intensidad de las auroras coinciden casi exactamente con los del ciclo de manchas solares, que dura 11 años.

Los estudios realizados durante el Año Geofísico Internacional (1957-1958) indican que el brillo auroral se desencadena cuando el viento solar, que recorre todo el Sistema Solar, se ve reforzado por partículas subatómicas de alta energía procedentes de las manchas solares. Los electrones y protones penetran en la magnetosfera terrestre y entran en la zona inferior de los cinturones de radiación de Van Allen, sobrecargándolos. Los electrones y protones sobrantes se descargan a la atmósfera en zonas centradas en los polos magnéticos norte y sur, que se extienden unos 20° de latitud. Estas partículas colisionan con las moléculas de gas de la atmósfera, excitándolas y produciendo luminiscencia, es decir, emisión de luz visible.

La aurora adopta una inmensa variedad de formas, entre ellas las siguientes: el arco auroral, un arco luminoso que cruza el meridiano magnético; la banda auroral, que suele ser más ancha y mucho más irregular que el arco; los filamentos y luces ondulantes perpendiculares al arco o a la banda; la corona, un círculo luminoso cercano al cenit; las nubes aurorales, masas nebulosas difusas que pueden aparecer en cualquier parte del cielo; el brillo auroral, un fenómeno luminoso situado a gran altura sobre el horizonte, con filamentos que convergen hacia el cenit; cortinas, abanicos, llamas o luces ondulantes de distintas formas.

También se han observado auroras en las atmósferas de otros planetas, en particular de Júpiter.

Introducción.

Antes de ver que son las auroras y como se forman vamos a ver un poco de leyenda e historia para ver que pensaban nuestros antepasados sobre ello.

Leyenda.
Los pueblos que presenciaban el fenómeno tenían sus propias interpretaciones y le daban, según las épocas, determinados significados. La Edad Media, pródiga en luchas y batallas, suministró varias pinturas de este tipo, en las que la interpretación giraba en torno a grandes batallas en el cielo, ejércitos en lucha y tropas a caballo. Miedo y terror, anuncios de grandes catástrofes, aparecían ligados en esas épocas a los fenómenos aurorales.

Los esquimales, los indios atabascos, los lapones, los habitantes de Groenlandia, e incluso las tribus del noreste de la India estaban familiarizados con esta luz misteriosa del cielo. Sus leyendas toman muchas formas y a menudo estaban asociadas con sus ideas de la vida en el otro mundo.

Cuenta una leyenda esquimal: "Los límites de la tierra y el mar son bordeados por un inmenso abismo, sobre él aparece un sendero estrecho y peligroso que conduce a las regiones celestiales. El cielo es una gran bóveda de material duro, arqueado sobre la tierra. Hay un agujero en él a través del que los espíritus pasan a los verdaderos cielos. Sólo los espíritus de aquellos que tienen una muerte voluntaria o violenta y el cuervo, han recorrido este sendero. Los espíritus que viven allí encienden antorchas para quitar los pasos de las nuevas llegadas. Esta es la luz de la aurora. Se pueden ver allí festejando y jugando a la pelota con un cráneo de morsa.

El sonido silbante y chasqueante que acompaña, a veces, a la aurora son las voces de esos espíritus intentando comunicarse con las gentes de la tierra. Se les debería contestar siempre con voz susurrante. A los espíritus celestiales se les llama "selaimut", "sky-wellers", moradores del cielo".

Historia
Algunos de los dibujos realizados por los pueblos cromagnon en las paredes y techos de cuevas en el sur de Francia probablemente representan las luces del norte. Estas pinturas sobre la roca podrían constituir el primer registro de las auroras boreales de la historia de la humanidad. Éstas datan de 30.000 años antes de nuestra era.

Hay mucha documentación sobre las luces del norte en las culturas del este de Asia. Varias referencias a las luces de norte aparecieron en China hace más de 2000 años. Una lista de observaciones aurorales en China comienza en el 687 a.C. Como media hay más o menos una observación del fenómeno descrita en la lista cada 40 años. El pueblo chino nunca usó ningún nombre especial para definir las luces del norte. En su lugar, las luces celestiales se describían utilizando términos que caracterizaban el fuego y los animales, especialmente el dragón.

El documento escrito más antiguo data aproximadamente del año 2.600 a.C. Su contenido nos cuenta la siguiente hermosa historia: "Fu-Pao, la madre del Imperio Amarillo Shuan-Yuan, vio fuertes relámpagos moverse alrededor de la estrella Su, que pertenece a la constelación de Bei-Dou, y la luz iluminaba el área entera. Después de esto, ella que quedó embarazada". Las estrellas eran obviamente visibles y la dirección de la observación era hacia el norte. La luz era lo suficientemente brillante como para iluminar el paisaje. El relámpago es un termino que se ha conectado frecuentemente con las antiguas descripciones de auroras. El embarazo es esencial en este cuento histórico.

En el Antiguo Testamento existen al menos cinco descripciones de las luces del norte. La mas indiscutible de todas ellas se encuentra en el primer capítulo de Ezequiel. La luces del norte fueron vista el quinto día del cuarto mes del 593 a.C. Se supone que el filósofo griego Anaxímenes escribió sobre las mismas luces del norte en su libro. Por otra parte, Xenófanes escribió sobre "la acumulación de nubes ardientes en movimiento". Al mismo tiempo, Hipócrates y Esquilo desarrollaron la teoría de que las luces del norte estaban únicamente reflejando la luz del sol. De acuerdo con la teoría de Aristóteles, el calor del sol levantaba vapor de la tierra. El vapor se topaba con el elemento fuego y eso encendía y causaba las luces del norte.

Plutarco dio una descripción absolutamente segura de las auroras boreales en el 467 a.C., pero probablemente era tan sólo una cita de documentos perdidos de Anaxágoras: "Durante 70 días sucedió una enorme y furiosa figura en el cielo. Era como una nube en llamas que no permanecía en su posición sino que se movía sinuosa y regularmente, de modo que los fragmentos que brillaban estaban volando en todas las direcciones y el fuego centelleaba igual que los cometas. Esos fragmentos se soltaban durante movimientos rápidos e inesperados". Los luces del norte ocurrieron de una a tres veces por década en el horizonte de la antigua Grecia. En conjunto, se sabe de docenas de observaciones fiables de las auroras boreales desde la era antes de Cristo.

Alrededor del 360 a C. Filipo. Rey de Macedonia, se disponía a atacar con su ejercito la ciudad de Bizancio. Como la ciudad tenía muros robustos, Filipo ordenó a sus soldados que cavaran túneles debajo de ellos. En mitad de la noche, a la hora cero, los túneles estaban llenos de soldados. Su tarea era abrir el otro lado del túnel y después tomar sencillamente la ciudad. Sorprendentemente, aquella noche no era oscura. Una repentina luz brillante, formada como una luna creciente estaba iluminando el paisaje. Esta fue la razón por la que Bizancio se salvó. Después de este acontecimiento se imprimió una moneda especial. La figura en forma de media luna sobre la moneda era probablemente un aro auroral en lugar de la luna porque la luna en cuarto creciente no es suficientemente brillante para iluminar el paisaje cuando no hay nieve. La misma figura aún existe en muchas banderas y es generalmente interpretada como la luna. Sin embargo, la figura se orienta de modo incorrecto si se piensa que cómo se ve la misma en la región mediterránea.

En la Roma clásica, la más antigua descripción de las luces del norte se produce probablemente en la época de Dionisio, es decir, alrededor del 460 a.C. Una manifestación de la aurora boreal que posibilitó a la gente ver a soldados de infantería y caballería, ocurrió en el cielo en el 44 a.C., justo tras la muerte de Julio Cesar. Se dijo que las luces del norte llamearon en el cielo de Palestina cuando Tito destruyó Jerusalén. Finalmente, cuando el Imperio Romano fue destruido, fue el comienzo de casi mil años de silencio. Hay muy pocos registros de las luces del norte de aquel periodo.

Tentativas científicas de explicación

Hay muy pocas referencias a las luces del norte en Europa durante la Edad Media. Cada texto escrito es más o menos supersticioso y a menudo éstos aparecen embellecidos con predicciones de guerra. La aurora boreal vista el 3 de marzo del 451 se conectó con la derrota histórica de Atila en Chalons-sur-Marne, en lo que hoy es Francia.

Con frecuencia, en las luces del norte se veía la sangre de los mártires fluyendo hacia el cielo. Tal fue el caso cuando en 1117 murió Tomás Becket.

La primeras pruebas escritas de luces del norte en Gran Bretaña aparecieron en el año 555. Hay una descripción muy detallada de la aurora más violenta del siglo, que ocurrió en el 585. En las Crónicas de Escocia se pueden encontrar algunos ejemplos de las luces del norte ocurridos entre los años 500 y 1100.

También los vikingos describieron las auroras boreales en sus escritos. La "depresión" de los mil años no comenzó a levantarse hasta cerca de 1500, cuando el arte de la impresión fue inventado. El primer documento impreso sobre las luces del norte se produjo en 1490. De todos modos, no sería hasta dos mil años después de las teorías de Aristóteles que aparecerían serios intentos de explicar el nacimiento de las auroras.

En el siglo XVII se dio el nombre científico a las luces del norte: Aurora Borealis. El crédito por el nombre se le concedió a un matemático francés, Gassend, aunque él no lo utilizó antes de 1649. Galileo Galilei y su estudiante Guiducci ya usaron el nombre de Aurora Borealis en 1616 y posteriormente, varias veces en 1622, cuando describieron las famosas luces de norte que habían tenido lugar el año anterior..

A partir del año 1621, las auroras boreales desaparecieron casi totalmente durante los posteriores cien años. En ese tiempo no se observaron manchas solares en la superficie del sol. Nadie sabe si fue una coincidencia que justo en ese momento todo el sistema temporal de la tierra pasara por una fase levemente desordenada. Este periodo se conoce como el mínimo de Maunder, y finalizó dramáticamente con las enormes luces del norte del 17 de marzo de 1716.

Se alcanzan los primeros resultados científicos

Un científico inglés, Sir Edmund Halley, vió la más hermosa aurora del siglo XVIII en 1716. El vivió durante el mínimo de Maunder. Halley explicó la aurora boreal de este modo: "Los rayos aurorales se deben a las partículas que están afectadas por el campo magnético. Los rayos son paralelos al campo magnético de la tierra y la forma de bóveda se debe al fenómeno de la perspectiva". Este es el primer descubrimiento científico que fue aceptado en aquel tiempo y que aún continua como auténtico. Halley, por cierto, no es conocido por la aurora sino por el cometa que lleva su nombre, el movimiento del cual pudo pronosticar.

Alguien que vivió al mismo tiempo que Halley propuso que la fuente de las luces del norte era sólo un gas específico que manaba de la tierra, el cual también causaba terremotos. El beneficio de las auroras era que disminuían el número de gas de terremotos en la tierra. Así pues, la aurora reducía la intensidad de los terremotos. 

En 1733, el científico francés Mairan, publicó un extenso tratado sobre las luces del norte. Su teoría implicaba la reflexión de la luz de cristales de hielo en el aire de las regiones polares.

Se propuso una multitud de teorías para explicar las luces del norte. Un pensamiento común era incluir un gas inflamante como parte clave. Algunas de las teorías de este tipo ya habían sido presentadas por los antiguos griegos 2000 años antes.

El segundo y tercer descubrimiento científico

En 1741, el sueco Celsius, notó una conexión entre las luces del norte y la actividad magnética. En realidad, robó las conclusiones y se quedó con los honores de su estudiante Hjorter. Sin embargo, debemos mirar este resultado como el segundo descubrimiento científico correcto sobre las luces del norte, el cual fue aceptado desde el principio.

En Gran Bretaña, el químico y físico Henry Cavendish fue capaz de estimar la altitud de las auroras boreales en 1790 con resultados correctos. Este sería es tercer descubrimiento correcto sobre el tema. Sin embargo, cien años más tarde todavía encontramos investigadores con una idea totalmente equivocada de la altitud de la aurora.

La investigación científica en Rusia fue comenzada por Mikhail Vasilievich Lomonosov en el siglo XVIII. El fue un investigador entusiasta de las luces del norte. Creía que la aparición de la aurora era la evidencia de un mar no helado en algún punto del océano Ártico. Consecuentemente, centró toda su vida en la búsqueda de este mar abierto.

La investigación aumenta en el siglo XIX

La distribución de las apariciones de las luces del norte en el globo fue trazada con más precisión en el siglo XIX. Sin embargo, durante las primeras décadas los únicos resultados correctos fuera el hecho de que las auroras en los hemisferios norte y sur son muy similares, y la observación de 1859, probablemente por casualidad, de que las erupciones del sol están de algún modo conectadas con la aparición de las luces del norte en la tierra.

Nadie en el siglo XIX fue capaz de explicar la emisión de luz de la aurora. Esto causaba a los científicos un continuo bochorno, puesto que el campo de la espectroscopia se estaba desarrollando rápido y muchos problemas habían sido resueltos. Sin embargo, en los años 1866-67, el sueco Ångstrom fue capaz de mostrar una prueba válida de que la emisión de luz se debía al gas.

La era de la investigación sistemática comenzó durante los años 1882-83, cuando los científicos acordaron organizar el primer Año Internacional del Polo. Esto fue un esfuerzo internacional para realizar medidas simultáneas en varios lugares de investigación cerca de la región polar. Antes del Año Polar, el danés Sophus Tromholt, publicó una descripción detallada del comportamiento global de las luces del norte. Poco después, el sueco Carlheim- Gyllensköld dio un descripción similar.

El finlandés Nordenskiöld también llevó acabo investigaciones sobre las luces del norte al norte de Siberia, cuando su barco quedo atrapado en el hielo durante el invierno 1878-79. De acuerdo con Nordenskiöld, la zona de aurora parecería un anillo de luz por encima de la región polar, asemejándose a un halo..

El profesor Selim Lemström, de la Universidad de Helsinki, intentó generar una aurora boreal artificial en Sodankylä, al norte de Finlandia, por medio de una instalación similar a un pararrayos. Los primeros experimentos fueron realizados en 1871 en el cerro Luosmatunturi , cerca de Inari, en la Laponia finlandesa. Su primer intento serio se llevó a cabo en el cerro Oratunturi, cerca de Sodankylä en 1882. También instaló instrumentos en Kommattivaara, cerca de Sodankylä, y un esfuerzo masivo fue realizado en el cerro Kehäpää, cerca de Ivalo, durante el invierno de 1883-84. Él creyó que había tenido éxito y publicó los resultados. El fenómeno que él observó debió de haber estado relacionado con la electricidad atmosférica y no con las luces del norte. Más tarde, este experimento fue llevado a cabo en Francia, en la montaña Pic du Midi, pero se formó una tormenta, quemando el equipo y parte de la barba del líder del equipo investigador francés.

En Sodankylä se efectuaron medidas exitosas sobre la aurora durante el primer Año Polar. Las operaciones en el emplazamiento científico fueron dirigidas por los originales y auténticos "Señores de las Estrellas", como los habitantes locales llamaban a los científicos en 1882, cerca del centro de Sodankylä, justo al lado de la nueva iglesia. Las actuales actividades investigadores en Tähtelä y en el observatorio geofísico se basan en el trabajo de medición de la década de 1880. En realidad, los "Señores de las estrellas" no llevaron a cabo investigación sobre estrellas en absoluto.

Los secretos de la aurora revelados en el siglo XX

Los profesores noruegos Kristian Birkeland y Carl Störmer revolucionaron la ciencia de las luces del norte a comienzos del siglo XX. Según Birkeland, las luces del norte estaban asociadas con un amplio sistema de corrientes eléctricas. Este sistema de corrientes cubre todo el espacio cercano a la tierra. Las corrientes se dan tanto horizontalmente en las regiones de las auroras como verticalmente a lo largo de las líneas de campo magnético. Las corrientes eléctricas que aparecen paralelas al campo magnético aun continúan llamándose corrientes de Birkeland. Los satélites posibilitaron que fueran medidas en la década de 1970. En lo que respecta a Störmer, él había sido capaz de calcular las trayectorias de las partículas cargadas de electricidad hacía tiempo, ya en 1907. Pero entonces su trabajo no había sido reconocido. Fue durante el Año Geofísico Internacional de 1957 que las medidas del satélite sacaron de repente a la luz el trabajo de Störmer.

El entendimiento de cómo se crea la luz auroral avanzó lo largo del siglo XX. Sin embargo, no fue hasta finales de la década de 1950 que se mostró convincentemente que las partículas que provocan a los átomos y moléculas eran en su mayoría los electrones. La física moderna nos ha ayudado a entender las ondas electromagnéticas, a crear la teoría de la relatividad, a desarrollar la mecánica cuántica y construir la bomba atómica, antes de que todas las características básicas de las luces del norte fueran entendidas.

 

Aurora.
Una aurora boreal comienza con un brillo fosforescente en el horizonte. Este brillo disminuye, pero vuelve a intensificarse. Es entonces cuando aparece un arco iluminado, que a veces se cierra en forma de círculo (corona boreal) muy brillante, con centro en el meridiano magnético; que se eleva en el cielo. A continuación, nuevos arcos iluminados aparecen y siguen al primero. Pequeñas ondas y rizos se mueven a todo lo largo de estos arcos.

En cuestión de unos pocos minutos, un cambio dramático se observa en el cielo. Un bombardeo de partículas golpea a la atmósfera superior, fenómeno que recibe el nombre de subtormenta auroral (en Inglés, auroral sub-storm.) Rayos de luz caen del espacio, formando cortinas que se expanden en el cielo, cuyos bordes superior e inferior están coloreados de violeta y rojo. Sus colores también pueden mezclarse, o entretejerse unos con otros.

Las cortinas desaparecen y vuelven a formarse a partir de nuevos rayos de luz. Un observador puede mirar directamente sobre su cabeza y observar entonces rayos dirigiéndose en todas direcciones, formando lo que se llama corona auroral.

Luego de 10 o 20 minutos, el bombardeo termina y la actividad decrece. Las bandas de luz dejan de propagarse y se desintegran en una luz difusa que se extiende por todo el cielo.

Las que se presentan en las inmediaciones del Círculo Polar Ártico se llaman auroras boreales, y las del Antártico, auroras australes. Las auroras son más frecuentes en primavera y en otoño.

Causas de la aurora.
La actividad solar produce partículas que son lanzadas al espacio, emite grandes cantidades de rayos X, ultravioletas y radiación visible, así como corrientes de protones y electrones de alta energía. La radiación X y ultravioleta puede llegar a la Tierra e incrementar la ionización de las capas más altas de la atmósfera terrestre, pero la mayoría de las partículas emitidas tienen velocidades bajas y llegan a la Tierra en horas, e incluso días, más tarde de la producción en forma de ráfagas de viento solar. Las manchas solares, cuyos máximos períodos de actividad se repiten cada once años, hacen que la cantidad de viento solar producido varíe su magnitud y su composición.

Los estudios realizados indican que el brillo auroral se desencadena cuando el viento solar, que recorre todo el Sistema Solar, se ve reforzado por partículas subátomicas de alta energía procedentes de las manchas solares. Los electrones y protones penetran en la magnetosfera terrestre (región del espacio donde queda confinado el campo magnético terrestre y que actúa como escudo protector ante buena parte de las partículas cargadas de la radiación cósmica. Su límite exterior recibe el nombre de magnetopausa.) y entran en la zona inferior de los cinturones de radiación de Van Allen, sobrecargándolos. Esas partículas, protones y electrones colisionan con las moléculas de gas de la atmósfera, excitándolas y produciendo luminiscencia.

Vamos a ver que es un cinturón de Van Allen

  • Los cinturones de radiación de Van Allen son áreas de la alta atmósfera que rodean la Tierra (y análogamente otros planetas como Júpiter y Saturno) por encima de la ionosfera, a una altura de 3.000 y de 22.000 km. respectivamente. Se sitúan sobre la zona ecuatorial y la más externa se prolongan prácticamente hasta la magnetopausa, límite entre el espacio terrestre y el espacio interplanetario. Su delimitación no está aún completamente confirmada, ya que la actividad solar y el magnetismo generan oscilaciones en sus límites, que actualmente se denominan zonas de radiación.

  • El origen se debe a un fenómeno que se produce cuando las partículas atómicas (en su mayor parte protones y electrones) emitidas desde la corona solar, o viento solar son arrastradas con un trayecto helicoidal alrededor de las líneas de fuerza del campo magnético terrestre, entre los polos norte y sur. La mayor parte de las partículas de alta energía (protones) se encuentran en el cinturón interior, mientras que los electrones suelen concentrarse en el externo.

  • La intensidad de radiación presente en los cinturones de Van Allen produce un elevado deterioro de los circuitos electrónicos y paneles solares de las naves espaciales, mientras que el efecto de una exposición sobre los seres vivos resulta extremadamente dañino. Por esta, razón las misiones espaciales requieren tanto de una protección eficaz ante el poder penetrativo que representa el bombardeo de partículas subatómicas, como de una perfecta planificación en la que se reduce al mínimo la exposición de los astronautas frente a dichas radiaciones.

La aurora adopta una inmensa variedad de formas: el arco auroral, un arco luminoso que cruza el meridiano magnético; la banda auroral, que suele ser más ancha y mucho más irregular que el arco; los filamentos y luces ondulantes perpendiculares al arco o a la banda; la corona, un círculo luminoso cercano al cenit; las nubes aurorales, masas nebulosas difusas que pueden aparecer en cualquier parte del cielo; el brillo auroral, un fenómeno luminoso situado a gran altura sobre el horizonte, con filamentos que convergen hacia el cenit; cortinas, abanicos, llamas o luces ondulantes de distintas formas.

También se han observado auroras en las atmósferas de otros planetas, en particular de Júpiter.

Hay una zona circular sobre la región polar en la que los electrones procedentes del Sol inciden uniformemente y al alcanzar los gases atmosféricos se produce una emisión espectral que da lugar al fenómeno luminoso de la aurora a alturas comprendidas entre los cien y cuatrocientos kilómetros. Esta zona donde se forman las auroras se llama óvalo auroral.

La emisión de luz corresponde al espectro del oxígeno en su color verdoso (5.577 Å) y al del nitrógeno en su color violeta (3.914 Å). Pero en las capas altas de la atmósfera, y en determinadas condiciones, existe oxígeno atómico que produce una emisión de luz roja (6.300 Å) que, a su vez, produce ese gran enrojecimiento del cielo que aparece sobre todo en las auroras más ecuatoriales (como puede verse más adelante en la aurora vista desde Figueres) cuando, por efecto de las tormentas magnéticas, se produce un desplazamiento hacia el sur del óvalo auroral. En estos casos se piensa que el plasma es expulsado del Sol a velocidades de 500-1.000 km/s, frente a los 300 km/s con que sale normalmente. Debido a ello, se ha sugerido que los electrones alcanzan en la ionosfera temperaturas de 20.000 K durante las tormentas magnéticas, lo que suministra la energía suficiente para la excitación del oxígeno atómico y la emisión de la banda roja a 6.300 Å, lo que requiere una energía de 2 eV.

Al igual que el viento solar es variable, las formas, frecuencias e intensidades de la aurora también lo serán en un período del once años.

La consideración física más aceptada para comprender el fenómeno de la aurora está referida a la creación de una dinamo magnetosférica entre el Sol y la Tierra, teniendo en cuenta que ésta junto, con su campo magnético, está sumergida en una cavidad por donde circula una corriente de plasma que mana del Sol. El proceso que se produce es el de una gran dinamo, cuya potencia (P = F x V) puede estimarse en 1012 watios, siendo F la fuerza de Lorentz y V la velocidad de la luz( 300.000 km/s). El voltaje generado se estima en 50 kV (Kilovoltios) y la intensidad de corriente del orden de 106-107 Amperios.

Desde 1970, satélites de órbita polar han podido observar con mayor exactitud aún la estructura de las auroras así como la precipitación de partículas energéticas en zona auroral; se ha logrado levar a cabo auroras artificiales mediante la inyección de electrones desde cohetes (experimentos Araks).

Consecuencias.

Sus corrientes eléctricas pueden acelerar la oxidación. La energía de la aurora distorsiona los sistemas defensivos de alerta rápida de los E.E.U.U. y Rusia. Desde que se ha desarrollado sistemas eléctricos a gran escala, la aurora puede afectar directamente a la vida de los humanos. El aumento de su poder se hizo evidente en febrero de 1958, cuando gran parte del nordeste de Canadá se quedó a oscuras por una aurora “supertormentosa” que sobrecargó los circuitos.

La dependencia de los aparatos eléctricos sigue creciendo, pero hasta ahora no se han repetido tormentas semejantes.

La próxima vez que se produzca puede afectar a la cultura humana en una medida superior a todo lo conocido.

 

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