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La tendencia al recalentamiento en el Ártico
es global y en ciertas regiones la temperatura
ha aumentado más de tres grados en los últimos
50 años. Es decir, 10 veces más deprisa que la
escala normal del planeta, cuyo aumento medio
sólo fue de 0,6 °C el siglo pasado.
En el otro lado del globo, aunque el
calentamiento todavía no afecta a la península
antártica, también es importante, aunque
recientemente su incidencia haya disminuido:
4-5 °C en 50 años…
Primeras tendencias
en el Sur…
En vista de la importancia de la temperatura
en la distribución de los organismos que viven
en estos ambientes extremos, estos cambios
tienen sus consecuencias.
“Antiguamente, en la península antártica, las
dos únicas plantas con flores aparecían de
manera excepcional, declara Pete Convey, del
BAS (British Antarctic Survey). Pero desde
hace 30 años, la deschampsia y la sagina
antárticas están extendiéndose hacia el sur,
al igual que lo hacían antiguamente varias
especies de musgos. Todas se benefician del
aumento de los periodos de deshielo”. En el
medio marino se manifiestan otros efectos tras
una tendencia regional a la baja en la
extensión de la barrera de hielo. La barrera
de hielo es necesaria para asegurar el
crecimiento invernal en las fases juveniles
del krill, un pequeño crustáceo parecido a un
cangrejo y del que dependen un gran número de
depredadores, lo que va a reducir la
frecuencia de sus años buenos de reproducción.
Sus depredadores sufren las consecuencias, y
Wayne Trivelpiece, de la NOAA (National
Oceanic and Atmospheric Administration,
Estados Unidos) ha visto desaparecer así a los
pingüinos de barbijo de la colonia
multiespecies que estudia desde hace 30 años
en la estación polaca de Arctowski:
“Probablemente sea la disminución de la
fecundidad del krill la que haya originado la
reducción del número de pingüinos de Adelia y
de barbijo en la península Antártica”. Lo
mismo ha sucedido en Georgia del Sur, donde
Keith Reid y John Croxall, de BAS, han
mostrado que la creciente competencia por el
krill entre los leones marinos y los pingüinos
macaroni ha provocado una reducción neta de
los últimos.
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El aumento de las temperaturas tiene
repercusiones complejas en las poblaciones
de pingüinos, cuyo número aumenta en
ciertas zonas y disminuye en otras. En
ciertos lugares, las poblaciones de
pingüinos de barbijo se han visto
duramente afectadas por la disminución de
las reservas de krill, su principal
alimento.
© IPF |
Como denunció hace unos meses el informe de la
ACIA (Arctic Climate Impact Assessment) de
Reikiavik, los efectos del recalentamiento
climático en la flora y la fauna son todavía
más evidentes en el Ártico. Como explicaba
Terry Callaghan, del centro sueco Abisko
Scientific Research Centre: “En tierra, entre
otros fenómenos, el recalentamiento provoca un
deshielo progresivo del permafrost (extensión
de suelo helado permanente) y con ello la
desaparición de cientos de lagunas y de mares
(por filtración bajo el subsuelo descongelado)
y de la flora y la fauna que habitan en ellos.
También percibimos un desplazamiento
progresivo de los bosques hacia el norte en
detrimento de la tundra, donde se reproducen,
en particular, millones de aves migratorias.”
“Como los bosques tienen más sombra, el albedo
(proporción reflejada de los rayos solares) de
estas zonas extendidas disminuye y crea de
este modo una retroacción positiva, que
refuerza el recalentamiento”, añadía Glenn
Patrick Juday, de la Universidad de Alaska. Al
mismo tiempo observamos un aumento del número
de incendios o de irrupciones masivas de
insectos devastadores en varias subregiones
del Ártico.”
La situación no es mucho mejor en el Océano
Ártico: la superficie media de la barrera de
hielo ha disminuido en 30 años prácticamente 1
millón de km2, es decir el 8% (y de un 15% a
un 20% al final del verano). Esta disminución
gradual acarrea cada vez mayores dificultades
para las especies asociadas al hielo de mar,
como pueden ser las algas unicelulares, los
crustáceos copépodos que se alimentan en el
hielo, los peces que allí se refugian e
incluso el animal más emblemático del Gran
Norte: el oso polar.
El oso polar en la
tormenta
Según Andrew Derocher, de la Universidad de
Alberta (Canadá), y sus colegas, la reducción
de la barrera de hielo entraña una disminución
de la abundancia y de la accesibilidad de las
focas anilladas. Estas son la presa principal
de los osos y tienen una importancia crucial
para las hembras, puesto que constituyen sus
reservas de grasa durante los meses de ayuno
que rodean al parto. Los investigadores han
mostrado de este modo que, en la bahía de
Hudson, cada semana de adelanto del deshielo
provocado por la llegada de la primavera
implica una disminución del peso de los osos
de 10 kg en el momento de entrar en la
madriguera de nieve donde nacerán sus crías.
Además, el recalentamiento aumenta también la
frecuencia de las lluvias invernales y de los
hundimientos de madrigueras.
Desgraciadamente hay pocas perspectivas de
mejora para la barrera de hielo ártica, puesto
que los modelos climáticos indican una subida
continua de la temperatura media en los
próximos 100 años: 7 °C en el océano y hasta
10 °C en invierno. El informe de la ACIA
pronostica una posible desaparición de la
barrera de hielo estival de aquí a 2100.
Morir de calor en la
Antártida
En el otro lado del globo, la formidable masa
del casquete antártico protegería el Océano
Antártico de un recalentamiento global. Sin
embargo, a nivel local y, una vez más, dentro
del contexto de un aumento de la temperatura
en la Península, una serie de estudios
conjuntos, dirigidos especialmente por Lloyd
Peck, de BAS y Hans-Otto Pörtner, del
Instituto Alfred Wegener de Alemania, han
sacado a la luz un nuevo motivo de inquietud.
Sus investigaciones sobre varias especies de
invertebrados marinos han mostrado que, en
efecto, el aprovisionamiento de oxígeno
necesario para numerosas funciones vitales,
como la reproducción, se ve fácilmente
perturbado por el aumento de la temperatura
del aire. De hecho, un aumento de 4 °C sería
suficiente para llevar a numerosas poblaciones
e incluso a ciertas especies a una
distribución limitada, hasta llegar a su
extinción.
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