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Groenlandia
Donde el mundo se acaba

Ricardo López Valverde, nuestro especialista y una de las personas que mejor conoce Groenlandia y los inuits, ha escrito  este bonito libro donde se recogen los aspectos culturales, históricos, tradiciones y hacia donde va este enigmático y desconocido pueblo.



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La fauna y flora polares ante el gran recalentamiento.

De acuerdo con los diferentes modelos climáticos desarrollados por los investigadores y confirmados por el GIEC (Groupe Intergouvernemental pour l’Etude du Climat), los polos son las regiones del mundo donde los cambios climáticos son y serán más rápidos. Esta evolución tiene consecuencias en los organismos que viven en estas regiones y algunas de ellas preocupan cada día más a los científicos.
 

La tendencia al recalentamiento en el Ártico es global y en ciertas regiones la temperatura ha aumentado más de tres grados en los últimos 50 años. Es decir, 10 veces más deprisa que la escala normal del planeta, cuyo aumento medio sólo fue de 0,6 °C el siglo pasado.

En el otro lado del globo, aunque el calentamiento todavía no afecta a la península antártica, también es importante, aunque recientemente su incidencia haya disminuido: 4-5 °C en 50 años…

Primeras tendencias en el Sur…
En vista de la importancia de la temperatura en la distribución de los organismos que viven en estos ambientes extremos, estos cambios tienen sus consecuencias.

“Antiguamente, en la península antártica, las dos únicas plantas con flores aparecían de manera excepcional, declara Pete Convey, del BAS (British Antarctic Survey). Pero desde hace 30 años, la deschampsia y la sagina antárticas están extendiéndose hacia el sur, al igual que lo hacían antiguamente varias especies de musgos. Todas se benefician del aumento de los periodos de deshielo”. En el medio marino se manifiestan otros efectos tras una tendencia regional a la baja en la extensión de la barrera de hielo. La barrera de hielo es necesaria para asegurar el crecimiento invernal en las fases juveniles del krill, un pequeño crustáceo parecido a un cangrejo y del que dependen un gran número de depredadores, lo que va a reducir la frecuencia de sus años buenos de reproducción.

Sus depredadores sufren las consecuencias, y Wayne Trivelpiece, de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration, Estados Unidos) ha visto desaparecer así a los pingüinos de barbijo de la colonia multiespecies que estudia desde hace 30 años en la estación polaca de Arctowski: “Probablemente sea la disminución de la fecundidad del krill la que haya originado la reducción del número de pingüinos de Adelia y de barbijo en la península Antártica”. Lo mismo ha sucedido en Georgia del Sur, donde Keith Reid y John Croxall, de BAS, han mostrado que la creciente competencia por el krill entre los leones marinos y los pingüinos macaroni ha provocado una reducción neta de los últimos.

El aumento de las temperaturas tiene repercusiones complejas en las poblaciones de pingüinos, cuyo número aumenta en ciertas zonas y disminuye en otras. En ciertos lugares, las poblaciones de pingüinos de barbijo se han visto duramente afectadas por la disminución de las reservas de krill, su principal alimento. © IPF

El aumento de las temperaturas tiene repercusiones complejas en las poblaciones de pingüinos, cuyo número aumenta en ciertas zonas y disminuye en otras. En ciertos lugares, las poblaciones de pingüinos de barbijo se han visto duramente afectadas por la disminución de las reservas de krill, su principal alimento.
© IPF

Como denunció hace unos meses el informe de la ACIA (Arctic Climate Impact Assessment) de Reikiavik, los efectos del recalentamiento climático en la flora y la fauna son todavía más evidentes en el Ártico. Como explicaba Terry Callaghan, del centro sueco Abisko Scientific Research Centre: “En tierra, entre otros fenómenos, el recalentamiento provoca un deshielo progresivo del permafrost (extensión de suelo helado permanente) y con ello la desaparición de cientos de lagunas y de mares (por filtración bajo el subsuelo descongelado) y de la flora y la fauna que habitan en ellos. También percibimos un desplazamiento progresivo de los bosques hacia el norte en detrimento de la tundra, donde se reproducen, en particular, millones de aves migratorias.”

“Como los bosques tienen más sombra, el albedo (proporción reflejada de los rayos solares) de estas zonas extendidas disminuye y crea de este modo una retroacción positiva, que refuerza el recalentamiento”, añadía Glenn Patrick Juday, de la Universidad de Alaska. Al mismo tiempo observamos un aumento del número de incendios o de irrupciones masivas de insectos devastadores en varias subregiones del Ártico.”

La situación no es mucho mejor en el Océano Ártico: la superficie media de la barrera de hielo ha disminuido en 30 años prácticamente 1 millón de km2, es decir el 8% (y de un 15% a un 20% al final del verano). Esta disminución gradual acarrea cada vez mayores dificultades para las especies asociadas al hielo de mar, como pueden ser las algas unicelulares, los crustáceos copépodos que se alimentan en el hielo, los peces que allí se refugian e incluso el animal más emblemático del Gran Norte: el oso polar.

El oso polar en la tormenta
Según Andrew Derocher, de la Universidad de Alberta (Canadá), y sus colegas, la reducción de la barrera de hielo entraña una disminución de la abundancia y de la accesibilidad de las focas anilladas. Estas son la presa principal de los osos y tienen una importancia crucial para las hembras, puesto que constituyen sus reservas de grasa durante los meses de ayuno que rodean al parto. Los investigadores han mostrado de este modo que, en la bahía de Hudson, cada semana de adelanto del deshielo provocado por la llegada de la primavera implica una disminución del peso de los osos de 10 kg en el momento de entrar en la madriguera de nieve donde nacerán sus crías. Además, el recalentamiento aumenta también la frecuencia de las lluvias invernales y de los hundimientos de madrigueras.

Desgraciadamente hay pocas perspectivas de mejora para la barrera de hielo ártica, puesto que los modelos climáticos indican una subida continua de la temperatura media en los próximos 100 años: 7 °C en el océano y hasta 10 °C en invierno. El informe de la ACIA pronostica una posible desaparición de la barrera de hielo estival de aquí a 2100.

Morir de calor en la Antártida
En el otro lado del globo, la formidable masa del casquete antártico protegería el Océano Antártico de un recalentamiento global. Sin embargo, a nivel local y, una vez más, dentro del contexto de un aumento de la temperatura en la Península, una serie de estudios conjuntos, dirigidos especialmente por Lloyd Peck, de BAS y Hans-Otto Pörtner, del Instituto Alfred Wegener de Alemania, han sacado a la luz un nuevo motivo de inquietud. Sus investigaciones sobre varias especies de invertebrados marinos han mostrado que, en efecto, el aprovisionamiento de oxígeno necesario para numerosas funciones vitales, como la reproducción, se ve fácilmente perturbado por el aumento de la temperatura del aire. De hecho, un aumento de 4 °C sería suficiente para llevar a numerosas poblaciones e incluso a ciertas especies a una distribución limitada, hasta llegar a su extinción.

 

Fuente: http://europa.eu.int


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