¿Y si la Corriente del Golfo se detuviese?
Para el hombre de la calle, la
posibilidad de que la Corriente del Golfo se
frene o se detenga directamente suena a
ciencia-ficción. Esta gran corriente oceánica
de superficie del Atlántico, proveniente de la
zona intertropical y que baña las costas
europeas (que nos asegura inviernos agradables
y veranos templados), no puede sencillamente
“averiarse”. Aún así, la disminución de su
intensidad o incluso su detención total no son
fenómenos imposibles. La historia climática
del planeta lo demuestra. La Corriente del
Golfo ya se ha encontrado con serias
perturbaciones en su “recorrido”.
Una serie de investigadores canadienses,
americanos y británicos, cuyos trabajos están
respaldados en parte por el quinto
programa-marco de investigación de la Unión
Europea, calculan que el recalentamiento
global de nuestro planeta modifica desde hace
10 años la salinidad de los océanos, lo que
podría perturbar la circulación de las
corrientes marinas (circulación termohalina).
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La Corriente del Golfo forma parte de la
circulación termohalina mundial. |
Una cuestión de
salinidad
La responsable de esta modificación de la
salinidad del Atlántico norte sería el aumento
de la evaporación de aguas de superficie en la
región intertropical, que genera un exceso de
vapor de agua en la atmósfera y
precipitaciones de agua dulce más intensas en
las altas latitudes.
Las aguas menos cargadas de sal penetran con
más dificultad en las profundidades marinas.
Esto es precisamente lo que sucede en la
Corriente del Golfo en el norte de Islandia.
Ahí es donde la famosa corriente se sumerge
hacia los fondos oceánicos para volver hacia
los trópicos y luego todavía más lejos, hacia
el Océano Antártico. Esta corriente oceánica
profunda es, en cierto modo, la corriente de
“retorno” de la Corriente del Golfo de
superficie.
La aportación de agua dulce suplementaria,
acompañada de unas precipitaciones más
intensas, impediría a la Corriente del Golfo
sumergirse en el Ártico hacia los fondos
oceánicos, lo que detendría la gran maquinaria
climática mundial y podría obstaculizar e
incluso taponar finalmente en superficie la
Corriente del Golfo.
Consecuencias: si la Corriente del Golfo fuera
deficiente, Europa, privada de sus efectos,
caería, en su momento, en un nuevo periodo
frío. Hablando claro, los inviernos de Lisboa
correrían el peligro de ser tan intensos como
los de Nueva York. ¿Utopía? La historia
climática de nuestro planeta demuestra que
tales fenómenos, provocados por un aporte
considerable de agua dulce en las aguas del
Atlántico norte (seguido de una descarga
masiva de hielo del casquete glacial
americano), ya han detenido la Corriente del
Golfo.
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