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Groenlandia
Donde el mundo se acaba

Ricardo López Valverde, nuestro especialista y una de las personas que mejor conoce Groenlandia y los inuits, ha escrito  este bonito libro donde se recogen los aspectos culturales, históricos, tradiciones y hacia donde va este enigmático y desconocido pueblo.



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La historia del ozono

El descubrimiento de un agujero en la capa de ozono se remonta a los años ochenta. Fue en la Antártida donde las primeras mediciones efectuadas en el suelo con relación al agujero de la capa de ozono arrojaron datos sorprendentes. Desde 1985, Joseph Farman, del British Antarctic Survey (BAS), publica en la revista Nature los resultados de sus observaciones. Se trata de un “agujero”, un empobrecimiento de la concentración, ciertamente temporal pero muy marcado, que aparece cada primavera en la capa de ozono estratosférica situada sobre la Antártida. Un fenómeno que se produce sobre todo en la base de la estratosfera. ¿Dónde está ahora?

El agujero de la capa de ozono encima de la Antártida fue descubierto en 1985 por los investigadores del British Antarctic Survey. De izquierda a derecha: Joe Farman, Brian Gardiner y Jon Shanklin. © BAS

El agujero de la capa de ozono encima de la Antártida fue descubierto en 1985 por los investigadores del British Antarctic Survey. De izquierda a derecha: Joe Farman, Brian Gardiner y Jon Shanklin.
© BAS

“Lo sorprendente de este descubrimiento es que las primeras mediciones que mostraron el empobrecimiento estacional en la Antártida fueron efectuadas desde el suelo, comenta Dominique Fonteyn, del Instituto para la Aeronomía Espacial de Bélgica (BISA), cuando los americanos disponían de un satélite en órbita dedicado sólo al estudio del ozono.”

Interpretar los datos…
¿Por qué a los americanos se les “pasó por alto” este descubrimiento? De hecho, el TOMS (Total Ozone Mapping Spectrometer) había medido claramente la pobre concentración de ozono existente encima de la región antártica. Pero los valores registrados eran tan bajos que los investigadores americanos decidieron no tenerlos en cuenta en un primer momento, porque a sus ojos no podían reflejar una realidad sino sólo un problema técnico del instrumento en órbita.

En 1987, las hipótesis en torno a la formación de este agujero de la capa de ozono (en la base de la estratosfera) se multiplicaron. Dos escuelas se enfrentaron: por un lado, se pensaba que el empobrecimiento de las concentraciones encontradas debían haberse originado por efectos dinámicos (vientos, etc.) en las capas altas de la atmósfera. Por otro lado, se hablaba de efectos insospechados o al menos mal comprendidos de la química atmosférica.

Gases CFC: culpables
Al año siguiente la NASA, la agencia espacial americana, caracterizó el fenómeno. El informe elaborado con la ayuda de cientos de científicos de todos los rincones del planeta indicaba que la concentración de ozono estratosférico había disminuido en promedio entre un 1,7% y un 3% en el hemisferio norte entre 1969 y 1986, a pesar de las importantes variaciones anuales.

Sin embargo, a finales de los ochenta, la comunidad científica se puso de acuerdo sobre el origen de este empobrecimiento, tanto en las regiones antárticas como en las regiones árticas: los halocarburos, y en particular los CFC (clorofluorocarbonos). Nuevas campañas de observación y otros trabajos de laboratorio han demostrado que el problema del ozono y su desaparición estacional están muy vinculados con las reacciones químicas que tienen lugar en las capas altas de la atmósfera. Unas reacciones iniciadas por las muy bajas temperaturas que existen encima del Antártico en invierno.

“En los años noventa completamos nuestros conocimientos sobre los mecanismos en juego, precisa Dominique Fonteyn. Gracias, especialmente, a la erupción del volcán filipino Pinatubo, en 1992, que inyectó en las capas altas de la atmósfera grandes cantidades de partículas. El estudio de estas partículas ha permitido comprender mejor ciertos fenómenos químicos que se producen en la estratosfera. Especialmente en lo que concierne al papel catalizador que desempeñan en la liberación de los diferentes compuestos químicos que luego se liberan al ozono. Se ha creado un paralelismo entre la problemática del empobrecimiento del ozono al margen de esos grandes acontecimientos volcánicos y la emisión de diversos contaminantes en nuestra atmósfera, entre los que se encuentran los CFC”.

El Ártico está menos expuesto
 

El agujero de la capa de ozono que se encuentra encima del Ártico es menos pronunciado debido a que las condiciones estratosféricas son menos problemáticas que en el Antártico. Sin embargo, está imagen muestra la debilidad de la capa de ozono encima del hemisferio norte el 31 de enero de 2002. La zona blanca del centro no está cubierta por las observaciones del satélite. Datos proporcionado por la Agencia Espacial Europea. © ESA

El agujero de la capa de ozono que se encuentra encima del Ártico es menos pronunciado debido a que las condiciones estratosféricas son menos problemáticas que en el Antártico. Sin embargo, está imagen muestra la debilidad de la capa de ozono encima del hemisferio norte el 31 de enero de 2002. La zona blanca del centro no está cubierta por las observaciones del satélite. Datos proporcionado por la Agencia Espacial Europea.
© ESA

En el Ártico también se ha identificado un empobrecimiento de la capa de ozono, pero de menor amplitud. Esto se explica porque las bajas temperaturas estratosféricas en el ártico se mantienen por encima de las temperaturas del Antártico. El hemisferio norte es más rico en tierras y continentes, lo que afecta a su inestabilidad climática. Incluso cuando hace demasiado frío en la región polar norte, éste no dura mucho tiempo. Sí que se observa un cierto “agujero” en la capa de ozono estratosférica, pero no de manera tan extensa ni tan intensa como en la región antártica. Aunque, aún así, es inquietante.

Un empobrecimiento en perpetua evolución
El tamaño del agujero de ozono sobre la Antártida actúa como un yoyó. En 2000, se registró un récord absoluto. El agujero alcanzó una superficie de 29,2 millones de km2. En 2001 y 2002, parecía que la tendencia iba a la baja, pero la tregua fue corta. En el otoño de 2003, el agujero alcanzó los 28 millones de km2. Antes de experimentar una nueva regresión el año anterior, el 22 de septiembre de 2004, se alcanzó un nuevo máximo del fenómeno: un agujero de 24,2 millones de km2 sobre el Antártico.

Cuidado con los rayos ultravioletas
Dadas las enormes proporciones del agujero de la capa de ozono situado encima de la Antártida, sus primeros efectos directos sobre las poblaciones humanas de América latina han empezado a manifestarse. Los rayos solares ultravioletas, menos filtrados por el ozono estratosférico, llegan en mayor cantidad al nivel del suelo y por lo tanto aumenta el riesgo de padecer cáncer de piel o cataratas.

Tanto es así que en Punta Arenas, una ciudad situada al sur de Chile las autoridades preconizan un tipo de toque de queda de media jornada. Cuando el sol está más alto en el cielo, entre las 11:00 y las 15:00, sus rayos ultravioletas son también los más intensos. Y en esta región, víctima del empobrecimiento de la capa de ozono antártica, salir sin una alta protección provoca quemaduras solares a los pocos minutos de exposición.

Fuente: http://europa.eu.int


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