La historia del ozono
El descubrimiento de un agujero en la
capa de ozono se remonta a los años ochenta. Fue en la
Antártida donde las primeras mediciones efectuadas en
el suelo con relación al agujero de la capa de ozono
arrojaron datos sorprendentes. Desde 1985, Joseph
Farman, del British Antarctic Survey (BAS), publica en
la revista Nature los resultados de sus observaciones.
Se trata de un “agujero”, un empobrecimiento de la
concentración, ciertamente temporal pero muy marcado,
que aparece cada primavera en la capa de ozono
estratosférica situada sobre la Antártida. Un fenómeno
que se produce sobre todo en la base de la
estratosfera. ¿Dónde está ahora?
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El agujero de la capa de ozono encima de la
Antártida fue descubierto en 1985 por los
investigadores del British Antarctic Survey. De
izquierda a derecha: Joe Farman, Brian Gardiner y
Jon Shanklin.
© BAS |
“Lo sorprendente de este descubrimiento es que las
primeras mediciones que mostraron el empobrecimiento
estacional en la Antártida fueron efectuadas desde el
suelo, comenta Dominique Fonteyn, del Instituto para
la Aeronomía Espacial de Bélgica (BISA), cuando los
americanos disponían de un satélite en órbita dedicado
sólo al estudio del ozono.”
Interpretar los datos…
¿Por qué a los americanos se les “pasó por alto” este
descubrimiento? De hecho, el TOMS (Total Ozone Mapping
Spectrometer) había medido claramente la pobre
concentración de ozono existente encima de la región
antártica. Pero los valores registrados eran tan bajos
que los investigadores americanos decidieron no
tenerlos en cuenta en un primer momento, porque a sus
ojos no podían reflejar una realidad sino sólo un
problema técnico del instrumento en órbita.
En 1987, las hipótesis en torno a la formación de este
agujero de la capa de ozono (en la base de la
estratosfera) se multiplicaron. Dos escuelas se
enfrentaron: por un lado, se pensaba que el
empobrecimiento de las concentraciones encontradas
debían haberse originado por efectos dinámicos
(vientos, etc.) en las capas altas de la atmósfera.
Por otro lado, se hablaba de efectos insospechados o
al menos mal comprendidos de la química atmosférica.
Gases CFC: culpables
Al año siguiente la NASA, la agencia espacial
americana, caracterizó el fenómeno. El informe
elaborado con la ayuda de cientos de científicos de
todos los rincones del planeta indicaba que la
concentración de ozono estratosférico había disminuido
en promedio entre un 1,7% y un 3% en el hemisferio
norte entre 1969 y 1986, a pesar de las importantes
variaciones anuales.
Sin embargo, a finales de los ochenta, la comunidad
científica se puso de acuerdo sobre el origen de este
empobrecimiento, tanto en las regiones antárticas como
en las regiones árticas: los halocarburos, y en
particular los CFC (clorofluorocarbonos). Nuevas
campañas de observación y otros trabajos de
laboratorio han demostrado que el problema del ozono y
su desaparición estacional están muy vinculados con
las reacciones químicas que tienen lugar en las capas
altas de la atmósfera. Unas reacciones iniciadas por
las muy bajas temperaturas que existen encima del
Antártico en invierno.
“En los años noventa completamos nuestros
conocimientos sobre los mecanismos en juego, precisa
Dominique Fonteyn. Gracias, especialmente, a la
erupción del volcán filipino Pinatubo, en 1992, que
inyectó en las capas altas de la atmósfera grandes
cantidades de partículas. El estudio de estas
partículas ha permitido comprender mejor ciertos
fenómenos químicos que se producen en la estratosfera.
Especialmente en lo que concierne al papel catalizador
que desempeñan en la liberación de los diferentes
compuestos químicos que luego se liberan al ozono. Se
ha creado un paralelismo entre la problemática del
empobrecimiento del ozono al margen de esos grandes
acontecimientos volcánicos y la emisión de diversos
contaminantes en nuestra atmósfera, entre los que se
encuentran los CFC”.
El Ártico está menos expuesto
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El agujero de la capa de ozono que se encuentra
encima del Ártico es menos pronunciado debido a
que las condiciones estratosféricas son menos
problemáticas que en el Antártico. Sin embargo,
está imagen muestra la debilidad de la capa de
ozono encima del hemisferio norte el 31 de enero
de 2002. La zona blanca del centro no está
cubierta por las observaciones del satélite. Datos
proporcionado por la Agencia Espacial Europea.
© ESA |
En el Ártico también se ha identificado un
empobrecimiento de la capa de ozono, pero de menor
amplitud. Esto se explica porque las bajas
temperaturas estratosféricas en el ártico se mantienen
por encima de las temperaturas del Antártico. El
hemisferio norte es más rico en tierras y continentes,
lo que afecta a su inestabilidad climática. Incluso
cuando hace demasiado frío en la región polar norte,
éste no dura mucho tiempo. Sí que se observa un cierto
“agujero” en la capa de ozono estratosférica, pero no
de manera tan extensa ni tan intensa como en la región
antártica. Aunque, aún así, es inquietante.
Un empobrecimiento en
perpetua evolución
El tamaño del agujero de ozono sobre la Antártida
actúa como un yoyó. En 2000, se registró un récord
absoluto. El agujero alcanzó una superficie de 29,2
millones de km2. En 2001 y 2002, parecía
que la tendencia iba a la baja, pero la tregua fue
corta. En el otoño de 2003, el agujero alcanzó los 28
millones de km2. Antes de experimentar una
nueva regresión el año anterior, el 22 de septiembre
de 2004, se alcanzó un nuevo máximo del fenómeno: un
agujero de 24,2 millones de km2 sobre el
Antártico.
Cuidado con los rayos
ultravioletas
Dadas las enormes proporciones del agujero de la capa
de ozono situado encima de la Antártida, sus primeros
efectos directos sobre las poblaciones humanas de
América latina han empezado a manifestarse. Los rayos
solares ultravioletas, menos filtrados por el ozono
estratosférico, llegan en mayor cantidad al nivel del
suelo y por lo tanto aumenta el riesgo de padecer
cáncer de piel o cataratas.
Tanto es así que en Punta Arenas, una ciudad situada
al sur de Chile las autoridades preconizan un tipo de
toque de queda de media jornada. Cuando el sol está
más alto en el cielo, entre las 11:00 y las 15:00, sus
rayos ultravioletas son también los más intensos. Y en
esta región, víctima del empobrecimiento de la capa de
ozono antártica, salir sin una alta protección provoca
quemaduras solares a los pocos minutos de exposición. |