Los satélites, al servicio de la investigación
polar
los satelites se han
convertido en herramientas indispensables para
la investigacion polar. han permitido, por
ejemplo, seguir los desplazamientos de
numerosas aves y mamiferos de los polos. pero,
sobre todo, se ha comprobado que son decisivos
para observar los cambios climaticos; la
teledeteccion espacial ha permitido estudiar
la evolución de la extension de la barrera de
hielo, el volumen de los casquetes glaciales,
la productividad de las aguas oceanicas, la
concentración del ozono estratosferico, al
igual que otros factores. europa es uno de los
lideres en este campo gracias a la agencia
espacial europea (aee), que cuenta en su
palmares con el envio de los satelites ers 1 y
2, envisat y mas recientemente, el cryosat.
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Los satélites siguen de cerca las
impresionantes inmersiones de los
elefantes marinos, que se llaman así
debido a su gran tamaño y a la nariz de
los machos, que se parece a una trompa.
© G. Juin/IPEV |
Balizas en miniatura
ARGOS
En el caso de muchas especies de cetáceos,
focas y pingüinos, hubo que esperar a la
miniaturización de las famosas balizas ARGOS
para seguir sus sorprendentes peregrinaciones.
En los años noventa, estos dispositivos habían
revelado que los elefantes marinos del Océano
Antártico eran verdaderos campeones de la
apnea, y buceaban con facilidad por debajo de
los 800 metros de profundidad en el curso de
10 de los 12 meses que viven en el mar. El
equipo de Mette Mauritzen, del Instituto Polar
Noruego de Tromsø, estudia también la
adaptación del oso polar a la evolución de la
barrera de hielo que rodea Spitzberg.
El control de los
hielos
“Los satélites han revolucionado la
observación de los hielos polares, explica
Frédérique Remy, del Laboratorio de Estudios
de Geofísica y Oceanografía Espacial (LEGOS,
CNRS) de Toulouse (Francia), ya que permiten
un control regular y a distancia de aquellas
zonas a las que resulta difícil e incluso
imposible acceder debido a los vientos y a las
bajas temperaturas. Sin hablar de la oscuridad
de algunos meses del año. Los satélites ERS
(European Remote Sensing) han permitido, por
ejemplo, cuantificar la evolución del volumen
de hielo del casquete glacial antártico: “Los
casquetes glaciales antárticos parecen
estables, excepto un sector del oeste, donde
el hielo pierde su espesor".
La regresión de la
barrera de hielo
Lo mismo sucede con el hielo del mar, aunque
en el Ártico se ha medido una disminución
media de 37 000 km2 al año (con respecto a una
barrera de hielo estival media de 7 millones
de km2) desde hace 30 años. Sin embargo,
todavía falta la regresión, porque las
primeras observaciones sólo se remontan a
1978. El altímetro del CRYOSAT, el nuevo
satélite que ha lanzado la AEE en marzo de
este año, debería poder confirmar o descartar
esta tendencia, gracias a su capacidad de
medir el espesor de la barrera de hielo (cerca
de medio metro).
La cabeza en las
nubes y los pies en la tierra
A pesar de esta rápida evolución de la
teledetección polar, el trabajo en tierra
sigue siendo necesario. En primer lugar porque
ciertas mediciones todavía son difíciles de
realizar desde el espacio: “Es la presión
atmosférica, asegura Alan Rodger, del British
Antarctic Survey, pero también el campo
magnético de la Tierra, porque transcurren 12
horas entre cada medición, mientras que sobre
el terreno podemos seguir este parámetro de
manera continua. ”El trabajo sobre el terreno
también es indispensable para calibrar y
validar las observaciones que provienen de los
satélites. Este es el caso del ozono
estratosférico, que lo mide otro satélite de
la AEE, ENVISAT, el satélite de observación
terrestre más grande y más complejo que se ha
construido nunca.
Finalmente, como explica Bruno Delille, de la
Universidad de Lieja (Bélgica), “la creciente
integración de mediciones realizadas en tierra
y desde el espacio abre nuevos campos de
investigación: desde hace algunos años
estudiamos el papel del Océano Antártico y de
la barrera de hielo en los intercambios de gas
carbónico entre el océano y la atmósfera,
gracias a las mediciones oceanográficas
realizadas in situ y completadas por las
observaciones del satélite de los parámetros
importantes que son la biomasa clorofiliana,
la temperatura de superficie, los vientos y la
distribución del hielo”.
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La visión radar de ENVISAT atraviesa las
nubes que se encuentran encima de la
Antártida y permite a los científicos
asistir en primera fila a las peripecias
del inmenso iceberg a la deriva B-15A.
© ESA |
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