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Groenlandia
Donde el mundo se
acaba
Ricardo
López Valverde, nuestro especialista y una de las personas que
mejor conoce Groenlandia y los inuits, ha escrito este
bonito libro donde se recogen los aspectos culturales, históricos,
tradiciones y hacia donde va este enigmático y desconocido pueblo.

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Los Iglulik y los esquimales del cobre y el
caribú,
Son muy
pocos los blancos que se han establecido en las lejanas tierras
habitadas por los esquimales. Algunos se han aventurado en estos
lugares con la esperanza de hacer fortuna; otros se han trasladado
allí con la esperanza de transformar las creencias y las costumbres de
los indígenas. Los esquimales del cobre, del caribú y los Iglulik
fueron sometidos a presiones por parte de los comerciantes y los
misioneros para que abandonasen sus tradicionales sistemas de vida. La
fecha del comienzo de la penetración de los pueblos meridionales en el
Artico varía de una región a otra. Actualmente, sin embargo, todos los
grupos esquimales que habitan entre la desembocadura del río Mckenzie
y la península del Labrador han sido de una manera o de otra,
incluidos económica, ideológica y políticamente en las instituciones
de la sociedad blanca.
El modo de vida tradicional de los esquimales del cobre comenzó a
sufrir la influencia de la civilización occidental cuando llegaron los
comerciantes de pieles. Estos, al igual que los misioneros, vinieron
tras las huellas de los exploradores. Sobre los cambios que ya antes
de 1.920 comenzaban a manifestarse entre los esquimales con quienes
había convivido, Diamond Jennes escribió: "Apenas hubimos zarpado, los
comerciantes invadieron el país en busca de pieles de zorro; y a
cambio de aquellas pieles tan inútiles para la vestimenta que se
necesitaba, ellos les ofrecían carabinas, fusiles de caza,
instrumentos de hierro y otras mercancías que prometían hacerles más
fácil la vida. Y fue así como los esquimales abandonaron sus cacerías
de focas realizadas en grupo y se dispersaron en familias aisladas a
lo largo de la costa con el fin de cazar con trampas a los zorros
blancos durante los meses de invierno. La dispersión relajó sus
antiguas relaciones comunitarias y cambió sus costumbres; los hombres
dejaron de trabajar para todo el grupo. Tanto los comerciantes como
los misioneros estaban empeñados en convertir a los esquimales del
cobre en tramperos cristianos. Ante las seductoras novedades traídas
por los recién llegados, era natural que los sistemas de vida
tradicionales no tuvieran grandes posibilidades de sobrevivir".
Los esquimales del cobre fueron considerados por primera vez como un
grupo diferenciado por el etnólogo Vilhjälmur Stefansson, que pasó un
año entero con ellos durante uno de sus viajes por el Artico
occidental, poco antes de que estallara la Primera Guerra Mundial.
Hasta la llegada de Stefansson los esquimales del cobre habían vivido
en un total aislamiento. Sus campamentos estaban diseminados a lo
largo de las costas del Dolphin and Union Strait, y llegaban por el
norte hasta la isla Victoria y por el sur hasta el río Coppermine. Por
aquella época los esquimales del cobre no conocían el uso de las armas
de fuego, cazando con arco y flechas, y arpones. Hacían su ajuar de
cocina a base de una piedra blanda, y la calefacción se conseguía con
lámparas que funcionaban con aceite de foca. Stefansson explicó el
funcionamiento del fusil a los cazadores pero fue incapaz de hacerles
ver su utilidad real. Los esquimales del cobre lo asimilaron a las
técnicas mágicas de sus chamanes para propiciar la caza. El
aislamiento de este grupo era particularmente sorprendente, dado que
vivía en medio de otras tribus de esquimales que desde años estaban ya
en contacto con los blancos. hay que señalar también el hecho de que
los esquimales del cobre tenían ideas relativamente confusas sobre los
pueblos que habitaban en los territorios situados más allá de sus
zonas de caza, mientras que sus vecinos del oeste, los esquimales del
Mckenzie, estaban seguros de que no era posible encontrar otros seres
humanos en las tierras inmediatamente al este de su territorio.
No se conoce el momento preciso en que los esquimales del cobre
comenzaron a ocupar las regiones habitadas por ellos actualmente.
hablan una lengua, que aunque está emparentada con los dialectos de
sus vecinos del oeste, se diferenciaba claramente de ellos. Incluso su
cultura material posee numerosos elementos peculiares, especialmente
en lo que respecta al uso del cobre local. En efecto, las hojas de
cuchillo y de otros utensilios se fabricaban tradicionalmente de cobre
en estado nativo, mientras que los demás grupos de esquimales no
hacían uso del cobre ni de cualquier otro metal.
Pero, aparte de estos aspectos, los esquimales del cobre eran muy
parecidos a sus vecinos del este, los netsilik. Durante todo el
invierno, hasta el comienzo de la primavera, acampaban sobre la tundra
helada. En este periodo se alimentaban de focas y de osos polares.
cazaban las focas a la manera tradicional, arponeándolas en los
agujeros donde estas se asomaban para respirar. El cazador buscaba con
la ayuda de sus perros, y con su vista especialmente entrenada, los
agujeros de las focas que solían estar ocultos por la nieve. Cuando
los encontraba, se colocaba agachado o en pie a la espera de que el
animal emergiera para respirar. El hombre, armado con un arpón, tenía
que calcular el momento preciso para asestar el golpe. Era esencial
tener los pies bien plantados y el arma siempre presta. El cazador
acostumbraba colocarse en contra del viento para evitar que la foca
oyese cualquier clase de ruido, aun el más leve. Las focas se asomaban
con un movimiento nervioso después de haber esperado bajo el nivel del
agua intentando advertir posibles peligros. El cazador debía esperar
hasta oir la jadeante respiración del animal y no asestar el golpe
cuando sentía moverse el agua en el agujero; sólo
en el momento en que la cabeza de la foca se encontraba verdaderamente
en el espacio comprendido entre la nieve externa y la superficie del
agua el arpón podía herir con éxito.
Todos los detalles de la caza de la foca, desde la fabricación de los
utensilios indispensables hasta las reglas a observar en el momento de
desollar los animales muertos reflejan, por su riqueza y complejidad,
la importancia que tenían estos animales en la vida tradicional de los
esquimales.. La grasa de foca se destinaba a la calefacción, mientras
que las pieles proporcionaban cuerdas de excelente calidad. Las botas
impermeables, elementos indispensables en la vestimenta de finales de
primavera y de verano, se hacían también de piel de foca. Para
recubrir el esqueleto de un kayak hacían falta de cinco a seis pieles
de foca, según el tamaño de la embarcación. También se empleaban las
pieles de estos animales para las tiendas donde habitaban los
esquimales en verano. A principio de primavera, cuando el tiempo se
hacía más cálido, las focas salían al aire libre sobre la superficie
helada, para tomar el sol y acurrucarse al calor: esta era la época en
la que abundaban las focas jóvenes.
Cuando las condiciones de la superficie helada se modificaban bajo los
efectos del sol de verano, los esquimales del cobre trasladaban sus
campamentos al interior. En los meses de junio y julio los caribúes
emigraban hacia el norte, en busca de los pastos de verano. En algunas
zonas los cérvidos hacían su aparición anticipadamente, lo cual
permitía a los cazadores esconderse entre los montones de nieve que
aun no se habían derretido y esperar a que los animales se acercaran
para abatirlos con sus flechas. Las familias estaban acostumbradas a
realizar viajes larguísimos, durante los meses de verano, en
persecución de los caribúes, llegando con frecuencia hasta las costas
septentrionales de la isla Victoria.
También durante el verano las familias se dedicaban a la pesca. A
veces el bacalao se capturaba mediante aberturas o agujeros
practicados en la superficie helada del mar, pero de todas formas su
pesca solo se realizaba en los momentos en que faltaban o escaseaban
las focas. La verdadera temporada de pesca tenía lugar al final de la
primavera cuando los lagos se deshelaban. Los esquimales atraían los
peces - truchas y salmónidos sobre todo - a la superficie mediante
pequeños cebos artificiales, y entonces les arponeaban.. El arpón
consistía en una especie de tridente que antiguamente se utilizaba en
todo el Artico. Si sobraba pescado, se dejaba secar al sol y luego se
guardaba como reserva. Algunas familias de esquimales del cobre
permanecían en las tierras del interior también en otoño, continuando
la pesca y la caza del caribú, y volvían a las costas a mediados del
mes de diciembre. Las demás familias regresaban mucho antes.
Durante el verano los esquimales volvían a reunirse en grandes grupos.
En verano la gente tendía a desperdigarse en pequeños núcleos
familiares; pero la caza de las focas, que se realizaba en invierno,
proporcionaba la ocasión para desarrollar una vida más comunitaria.
Cuando los esquimales se reunían solían bailar y contarse historias.
Las danzas se ejecutaban en el interior de una casa especial mucho más
grande que los iglúes normales. El único instrumento musical conocido
por los esquimales era el tambor, que marcaba el ritmo mientras los
danzantes entonaban cantos épicos. El sonido de los tambores y la
danza acompañaban también el momento en el que el chamán se
relacionaba con el mundo sobrenatural.
El chamán debía ante todo explicar y remediar las diferentes
desgracias de la vida. Entre los esquimales del cobre y el caribú
existían numerosos chamanes, algunos de los cuales tenían poderes
extraordinarios. Debían estar preparados para explicar de que manera
la violación de los diversos tabúes podía traer desgracias a quienes
lo hicieran, y tal vez incluso a todo el campamento. Podían también
merced a la asistencia de especiales espíritus protectores ponerse en
contacto con los espíritus más poderosos. En 1.923 Knud Rasmussen
describió la forma en que un chamán intercedía ante el espíritu
principal del mar, Arnakapsaluk. Había escasez de focas y sobre el
campamento se cernía el espectro del hambre. Esto se debía según el
chamán, a que Arnakapsaluk no permitía que las focas saliesen a la
superficie - a través de los agujeros - para respirar, donde los
cazadores esquimales las esperaban pacientemente. El chamán convocó
entonces una reunión y el espíritu del mar habló a través de él
maldiciendo a la población "por haber olvidado las tradiciones de los
antepasados". El chamán "se retorcía de dolor, levantaba los puños a
su alrededor, gritaba sin cesar... Después de lo cual, en cuanto los
hombres y las mujeres confesaron todas sus culpas, el chamán proclamó
en alta voz que la lámpara de Arnakapsaluk se había vuelto de nuevo
hacia arriba, como tenía que estar, queriendo decir que mientras había
durado la caza desafortunada, la lámpara había permanecido siempre
vuelta hacia abajo, apagada y oscura. Poco después el chamán, que
había estado empeñado en su lucha contra la Dueña del Mar, anunció
gritando que sus cabellos estaban ya lisos y limpios como antes: esto
quería decir que Arnakapsaluk estaba ya aplacado"
Junto a estas creencias existían también un gran número de mitos y
leyendas que daban notable riqueza al patrimonio cultural de este
pueblo. Este bagaje cultural permaneció completamente intacto hasta
principios de la década de los 20. pero posteriormente se han perdido
muchas tradiciones sin que ni siquiera los etnólogos hayan podido
catalogarlas o estudiarlas. Por eso hoy en día solo poseemos una
pálida imagen de la rica y compleja cultura de los esquimales del
cobre.
Los esquimales Iglulik eran - por lo que respecta a sus costumbres y
modo de vida - parecidos a los del cobre, pero muchos de sus
campamentos estaban situados en territorios completamente diferentes.
Diseminados a lo largo de una región que se extendía entre la costa
septentrional de la cuenca del Foxe y el extremo de la Tierra de
Baffin, ocupaban un territorio que era en parte tundra, y en parte una
faja de costa cubierta de hielos.
En cierto sentido, las diferencias existentes entre los esquimales
iglulik y los del cobre derivaban del hecho de ocupar áreas
geográficas distintas. En efecto, el territorio en que acampaban los
iglulik siempre había sido abundante en morsas, narvales y
ballenas. Por ello, la cultura de los iglulik se ha adaptado a la caza
y utilización de estos grandes mamíferos.
En las zonas septentrionales de la Tierra de Baffin los narvales pasan
junto a las costas y evolucionan en torno a los islotes. Aparecen
avanzada ya la primavera en los límites de la capa helada y se dirigen
en grandes bancos hacia los fiordos y los golfos apenas el hielo se
rompe. Aunque los iglulik solían cazar a los narvales, su presa
favorita eran las ballenas, a las cuales atacaban con un arpón sujeto
a un gran flotador. Siguiendo este flotador, era posible saber luego
donde volvería a emerger el animal y clavarle en el dorso un nuevo
arpón provisto de otro flotador. Por fin, al acumularse los arpones en
el cuerpo del cetáceo, los cazadores podían acercarse para asestar el
golpe definitivo con toda comodidad; los flotadores, hechos de piel de
foca hinchada, impedían que la ballena muerta se hundiera en el mar.
Pudiendo mantener jaurías de 15 a 20 perros gracias a las numerosas
morsas que cazaban, los iglulik eran famosos por sus largas
migraciones. Según parece en sus desplazamientos llegaron a cruzar
enormes distancias, trasladándose desde los campamentos del interior
de la península de Melville hasta la lejana isla de Bylot, a más de
500 kilómetros de distancia. Había familias que se dirigían tierra
adentro para pasar allí el verano, pescando con arpón en los lagos y
en la desembocadura de los ríos y cazando caribúes. Sin embargo en el
siglo XIX, la llegada de los pescadores blancos de ballenas incrementó
la tendencia de a permanecer todo el año en las zonas cercanas a las
costas. Generalmente las flotas balleneras aparecían en verano y
permanecían hasta que en las aguas se formaban los primeros hielos e
incluso en algunos casos durante todo el invierno. La presencia en
esta zona de numerosos buques balleneros obedecía a la abundancia de
cetáceos; los patrones solían enrolar a menudo en sus tripulaciones a
los cazadores esquimales del lugar y practicaban también con ellos el
comercio, sobre todo de colmillos de morsa y pieles de oso. La pesca
de la ballena constituyó durante más de un siglo un negocio muy
lucrativo y, lógicamente, esta actividad influyó notablemente en la
vida de los Iglulik.
Sin embargo, los cazadores que continuaron viviendo en las zonas
cercanas a la cuenca del Foxe, en los límites del territorio de los
Iglulik, consiguieron evitar el contacto con los pescadores de
ballenas. las naves, en efecto, se movían generalmente dentro de la
Bahía de Baffin, junto a la costa oriental de la Tierra de Baffin y
pasaban a occidente a través del estrecho de Eclipse. Las condiciones
del hielo en las zonas más septentrionales y occidentales hacían allí
problemática la pesca de ballenas y, además, estos cetáceos eran mucho
más abundantes en la parte nororiental de la Tierra de Baffin. En
cierto sentido la pesca de la ballena partió en dos la cultura de los
iglulik, aunque la tendencia de estos esquimales a desplazarse
continuamente a través de todo su territorio amortiguó los efectos de
este fenómeno. Así sucedió que desde comienzos del XIX, los iglulik
fueron asimilando importantes elementos de la cultura material de los
pueblos meridionales. Pronto se extendió el uso de las armas de fuego,
los utensilios de hierro y las embarcaciones para le pesca de la
ballena. De todas formas, los balleneros blancos no hicieron el más
pequeño intento de convertir al cristianismo a los pueblos con los que
estaban en contacto, ni tuvieron ningún interés en colonizarlos. En su
mayoría eran ingleses que sólo pensaban en enriquecerse con la pesca
de ballenas y no en conquistar nuevos territorios para el gobierno
británico.
La verdadera colonización de los Iglulik se realizó más tarde, cuando
la pesca de la ballena comenzó a decaer. Diversos factores
contribuyeron a ello, pero sin duda el más importante fue el
hundimiento del mercado de aceite de ballena poco antes del estallido
de la Primera Guerra Mundial.
En una zona menos rica en recursos naturales un cambio tan brusco
hubiera ocasionado grandes problemas económicos, pero en el territorio
de los Iglulik se pudo superar sin excesivas dificultades, aunque por
aquella época se produjeron algunos casos de hambre. Más tarde tras
los pescadores de ballenas llegaron los comerciantes. En algunos casos
comerciantes y pescadores eran las mismas personas, porque los
balleneros a veces abandonaban las naves con las que habían llegado
para establecer estaciones comerciales permanentes. A principio de la
década de los 20 eran pocos los hombres que se habían adentrado hasta
el extremo norte de la Tierra de Baffin o que desarrollaban en esta
zona actividades comerciales. Junto a estos comerciantes
independientes llegó también la Compañía de la bahía de Hudson, que
fundó una estación comercial en Pond Inlet, a unos 400 km de
distancia.
Por esta época comenzaron también a llegar los primeros misioneros a
la zona. El territorio de los iglulik fue el teatro de un prolongado
enfrentamiento entre misioneros católicos y anglicanos que querían
acaparar en exclusiva las almas de la pequeña comunidad esquimal. Al
final los anglicanos lograron establecer su hegemonía en la región
septentrional de la Tierra de Baffin, y los católicos se asentaron en
la de Foxe. Las comunidades de la zona muestran aun las huellas de la
disputa religiosa de entonces. En el territorio de los Iglulik los
seguidores de los dos credos están rigurosamente separados y los
matrimonios entre los pertenecientes a las dos diferentes confesiones
están aun prohibidos por los misioneros.
En resumidas cuentas, aunque su historia haya sido diferente, los
esquimales del cobre y los iglulik se encontraban hacia 1.940 más o
menos en la misma situación. Las catividades tradicionales habían
cedido su puesto al comercio de pieles, y por todas partes los
chamanes estaban perdiendo su influencia a causa del cristianismo. Los
centros donde radicaban las diversas misiones y las estaciones
comerciales se estaban transformando en núcleos de población estables.
Las familias se iban reuniendo junto a las nuevas instituciones
introducidas por los blancos, encontraban allí trabajo y se
encaminaban hacia una nueva vida más estable. A pesar de lo cual, la
mayoría de las familias iglulik no abandonaron sus campamentos y
continuaron dedicándose a la caza con trampas. De esta manera se
efectuó la transición de la vida tradicional de pura subsistencia a
otra basada en el comercio de pieles. la comunidad primitiva se fue
disolviendo para entrar en pleno capitalismo.
Los esquimales del caribú, en cambio, resultaron más directamente
vulnerables a la transformación de su vida tradicional que los iglulik
y los esquimales del cobre. Los del caribú eran los únicos esquimales
del Canadá que no dependían enteramente de los mamíferos marinos.
Vivían tierra adentro, diseminados en una región que se extendía desde
el Manitoba septentrional hasta el Lago Baker, en los Territorios del
Noroeste. Los caribúes que pasaban a través de su región en grandes
manadas cuando emigraban hacia el norte en primavera o hacia el sur en
otoño constituían la base de su economía. El método de caza preferido
consistía en preparar un pasillo con piedras amontonadas, detrás de
las cuales se apostaban, bien escondidos, los cazadores. Esta sucesión
de piedras alarmaba a los caribúes que hacían lo posible por
mantenerse en el centro de las dos filas. Pero a medida que la
distancia entre ellas iba disminuyendo, al estrecharse gradualmente el
paso, los animales terminaban por encontrarse al alcance de los
arqueros en acecho. Otro método de caza consistía en el uso de palos
adornados con plumas de pájaro y trozos de piel. Estos palos alarmaban
a los rebaños de caribúes, ahuyentándoles hacia un lugar donde fuera
más fácil acercarse a ellos, especialmente un río o lago que los
animales intentarían cruzar. Cuando un buen número de caribúes se
habían arrojado al agua, los esquimales se acercaban a ellos,
navegando en sus kayaks para cazarlos. Otra técnica consistía en el
uso de pistas artificiales que los rebaños seguían gustosos y al lado
de las cuales los cazadores podían esconderse.
Los esquimales del caribú confeccionaban sus ropas y cubrían sus
tiendas con las pieles del caribú. dado que los límites meridionales
de su territorio lindaban con la región de los grandes bosques, la
madera era usada como combustible. Más tarde al norte, las tiendas y
los iglúes solo se podían calentar mediante la grasa obtenida de los
caribúes. Esta grasa constituía también una parte importante de la
alimentación de los esquimales del caribú, pero como combustible no
era parangonable, ni de lejos, con la de los mamíferos marinos.
Por esta razón
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