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El cielo es gris y la nieve muy blanca; un grupo de hombres, mujeres y niños marchan a buen paso hacia el norte en busca de una de las cuatro
inmensas columnas que unen la Tierra con la bóveda celeste. A lo largo del viaje cantan, ríen y cuentan historias que hablan del respeto por la Tierra y
por los espíritus que la habitan, de un amor sin ley y sin pecado, del desprecio por la soberbia y el engaño, y de una vida dura, cruel a veces,
pero fiel a los ritmos secretos de la Naturaleza.

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    Infopolar. Los Iglulik y los esquimales del cobre y el caribú


Son muy pocos los blancos que se han establecido en las lejanas tierras habitadas por los esquimales. Algunos se han aventurado en estos lugares con la esperanza de hacer fortuna; otros se han trasladado allí con la esperanza de transformar las creencias y las costumbres de los indígenas. Los esquimales del cobre, del caribú y los Iglulik fueron sometidos a presiones por parte de los comerciantes y los misioneros para que abandonasen sus tradicionales sistemas de vida. La fecha del comienzo de la penetración de los pueblos meridionales en el Artico varía de una región a otra. Actualmente, sin embargo, todos los grupos esquimales que habitan entre la desembocadura del río Mckenzie y la península del Labrador han sido de una manera o de otra, incluidos económica, ideológica y políticamente en las instituciones de la sociedad blanca.

El modo de vida tradicional de los esquimales del cobre comenzó a sufrir la influencia de la civilización occidental cuando llegaron los comerciantes de pieles. Estos, al igual que los misioneros, vinieron tras las huellas de los exploradores. Sobre los cambios que ya antes de 1.920 comenzaban a manifestarse entre los esquimales con quienes había convivido, Diamond Jennes escribió: "Apenas hubimos zarpado, los comerciantes invadieron el país en busca de pieles de zorro; y a cambio de aquellas pieles tan inútiles para la vestimenta que se necesitaba, ellos les ofrecían carabinas, fusiles de caza, instrumentos de hierro y otras mercancías que prometían hacerles más fácil la vida. Y fue así como los esquimales abandonaron sus cacerías de focas realizadas en grupo y se dispersaron en familias aisladas a lo largo de la costa con el fin de cazar con trampas a los zorros blancos durante los meses de invierno. La dispersión relajó sus antiguas relaciones comunitarias y cambió sus costumbres; los hombres dejaron de trabajar para todo el grupo. Tanto los comerciantes como los misioneros estaban empeñados en convertir a los esquimales del cobre en tramperos cristianos. Ante las seductoras novedades traídas por los recién llegados, era natural que los sistemas de vida tradicionales no tuvieran grandes posibilidades de sobrevivir".

Los esquimales del cobre fueron considerados por primera vez como un grupo diferenciado por el etnólogo Vilhjälmur Stefansson, que pasó un año entero con ellos durante uno de sus viajes por el Artico occidental, poco antes de que estallara la Primera Guerra Mundial. Hasta la llegada de Stefansson los esquimales del cobre habían vivido en un total aislamiento. Sus campamentos estaban diseminados a lo largo de las costas del Dolphin and Union Strait, y llegaban por el norte hasta la isla Victoria y por el sur hasta el río Coppermine. Por aquella época los esquimales del cobre no conocían el uso de las armas de fuego, cazando con arco y flechas, y arpones. Hacían su ajuar de cocina a base de una piedra blanda, y la calefacción se conseguía con lámparas que funcionaban con aceite de foca. Stefansson explicó el funcionamiento del fusil a los cazadores pero fue incapaz de hacerles ver su utilidad real. Los esquimales del cobre lo asimilaron a las técnicas mágicas de sus chamanes para propiciar la caza. El aislamiento de este grupo era particularmente sorprendente, dado que vivía en medio de otras tribus de esquimales que desde años estaban ya en contacto con los blancos. hay que señalar también el hecho de que los esquimales del cobre tenían ideas relativamente confusas sobre los pueblos que habitaban en los territorios situados más allá de sus zonas de caza, mientras que sus vecinos del oeste, los esquimales del Mckenzie, estaban seguros de que no era posible encontrar otros seres humanos en las tierras inmediatamente al este de su territorio.

No se conoce el momento preciso en que los esquimales del cobre comenzaron a ocupar las regiones habitadas por ellos actualmente. hablan una lengua, que aunque está emparentada con los dialectos de sus vecinos del oeste, se diferenciaba claramente de ellos. Incluso su cultura material posee numerosos elementos peculiares, especialmente en lo que respecta al uso del cobre local. En efecto, las hojas de cuchillo y de otros utensilios se fabricaban tradicionalmente de cobre en estado nativo, mientras que los demás grupos de esquimales no hacían uso del cobre ni de cualquier otro metal.

Pero, aparte de estos aspectos, los esquimales del cobre eran muy parecidos a sus vecinos del este, los netsilik. Durante todo el invierno, hasta el comienzo de la primavera, acampaban sobre la tundra helada. En este periodo se alimentaban de focas y de osos polares. cazaban las focas a la manera tradicional, arponeándolas en los agujeros donde estas se asomaban para respirar. El cazador buscaba con la ayuda de sus perros, y con su vista especialmente entrenada, los agujeros de las focas que solían estar ocultos por la nieve. Cuando los encontraba, se colocaba agachado o en pie a la espera de que el animal emergiera para respirar. El hombre, armado con un arpón, tenía que calcular el momento preciso para asestar el golpe. Era esencial tener los pies bien plantados y el arma siempre presta. El cazador acostumbraba colocarse en contra del viento para evitar que la foca oyese cualquier clase de ruido, aun el más leve. Las focas se asomaban con un movimiento nervioso después de haber esperado bajo el nivel del agua intentando advertir posibles peligros. El cazador debía esperar hasta oir la jadeante respiración del animal y no asestar el golpe cuando sentía moverse el agua en el agujero; sólo
en el momento en que la cabeza de la foca se encontraba verdaderamente en el espacio comprendido entre la nieve externa y la superficie del agua el arpón podía herir con éxito.

Todos los detalles de la caza de la foca, desde la fabricación de los utensilios indispensables hasta las reglas a observar en el momento de desollar los animales muertos reflejan, por su riqueza y complejidad, la importancia que tenían estos animales en la vida tradicional de los esquimales.. La grasa de foca se destinaba a la calefacción, mientras que las pieles proporcionaban cuerdas de excelente calidad. Las botas impermeables, elementos indispensables en la vestimenta de finales de primavera y de verano, se hacían también de piel de foca. Para recubrir el esqueleto de un kayak hacían falta de cinco a seis pieles de foca, según el tamaño de la embarcación. También se empleaban las pieles de estos animales para las tiendas donde habitaban los esquimales en verano. A principio de primavera, cuando el tiempo se hacía más cálido, las focas salían al aire libre sobre la superficie helada, para tomar el sol y acurrucarse al calor: esta era la época en la que abundaban las focas jóvenes.

Cuando las condiciones de la superficie helada se modificaban bajo los efectos del sol de verano, los esquimales del cobre trasladaban sus campamentos al interior. En los meses de junio y julio los caribúes emigraban hacia el norte, en busca de los pastos de verano. En algunas zonas los cérvidos hacían su aparición anticipadamente, lo cual permitía a los cazadores esconderse entre los montones de nieve que aun no se habían derretido y esperar a que los animales se acercaran para abatirlos con sus flechas. Las familias estaban acostumbradas a realizar viajes larguísimos, durante los meses de verano, en persecución de los caribúes, llegando con frecuencia hasta las costas septentrionales de la isla Victoria.

También durante el verano las familias se dedicaban a la pesca. A veces el bacalao se capturaba mediante aberturas o agujeros practicados en la superficie helada del mar, pero de todas formas su pesca solo se realizaba en los momentos en que faltaban o escaseaban las focas. La verdadera temporada de pesca tenía lugar al final de la primavera cuando los lagos se deshelaban. Los esquimales atraían los peces - truchas y salmónidos sobre todo - a la superficie mediante pequeños cebos artificiales, y entonces les arponeaban.. El arpón consistía en una especie de tridente que antiguamente se utilizaba en todo el Artico. Si sobraba pescado, se dejaba secar al sol y luego se guardaba como reserva. Algunas familias de esquimales del cobre permanecían en las tierras del interior también en otoño, continuando la pesca y la caza del caribú, y volvían a las costas a mediados del mes de diciembre. Las demás familias regresaban mucho antes.

Durante el verano los esquimales volvían a reunirse en grandes grupos. En verano la gente tendía a desperdigarse en pequeños núcleos familiares; pero la caza de las focas, que se realizaba en invierno, proporcionaba la ocasión para desarrollar una vida más comunitaria. Cuando los esquimales se reunían solían bailar y contarse historias. Las danzas se ejecutaban en el interior de una casa especial mucho más grande que los iglúes normales. El único instrumento musical conocido por los esquimales era el tambor, que marcaba el ritmo mientras los danzantes entonaban cantos épicos. El sonido de los tambores y la danza acompañaban también el momento en el que el chamán se relacionaba con el mundo sobrenatural.

El chamán debía ante todo explicar y remediar las diferentes desgracias de la vida. Entre los esquimales del cobre y el caribú existían numerosos chamanes, algunos de los cuales tenían poderes extraordinarios. Debían estar preparados para explicar de que manera la violación de los diversos tabúes podía traer desgracias a quienes lo hicieran, y tal vez incluso a todo el campamento. Podían también merced a la asistencia de especiales espíritus protectores ponerse en contacto con los espíritus más poderosos. En 1.923 Knud Rasmussen describió la forma en que un chamán intercedía ante el espíritu principal del mar, Arnakapsaluk. Había escasez de focas y sobre el campamento se cernía el espectro del hambre. Esto se debía según el chamán, a que Arnakapsaluk no permitía que las focas saliesen a la superficie - a través de los agujeros - para respirar, donde los cazadores esquimales las esperaban pacientemente. El chamán convocó entonces una reunión y el espíritu del mar habló a través de él maldiciendo a la población "por haber olvidado las tradiciones de los antepasados". El chamán "se retorcía de dolor, levantaba los puños a su alrededor, gritaba sin cesar... Después de lo cual, en cuanto los hombres y las mujeres confesaron todas sus culpas, el chamán proclamó en alta voz que la lámpara de Arnakapsaluk se había vuelto de nuevo hacia arriba, como tenía que estar, queriendo decir que mientras había durado la caza desafortunada, la lámpara había permanecido siempre vuelta hacia abajo, apagada y oscura. Poco después el chamán, que había estado empeñado en su lucha contra la Dueña del Mar, anunció gritando que sus cabellos estaban ya lisos y limpios como antes: esto quería decir que Arnakapsaluk estaba ya aplacado"

Junto a estas creencias existían también un gran número de mitos y leyendas que daban notable riqueza al patrimonio cultural de este pueblo. Este bagaje cultural permaneció completamente intacto hasta principios de la década de los 20. pero posteriormente se han perdido muchas tradiciones sin que ni siquiera los etnólogos hayan podido catalogarlas o estudiarlas. Por eso hoy en día solo poseemos una pálida imagen de la rica y compleja cultura de los esquimales del cobre.

Los esquimales Iglulik eran - por lo que respecta a sus costumbres y modo de vida - parecidos a los del cobre, pero muchos de sus campamentos estaban situados en territorios completamente diferentes. Diseminados a lo largo de una región que se extendía entre la costa septentrional de la cuenca del Foxe y el extremo de la Tierra de Baffin, ocupaban un territorio que era en parte tundra, y en parte una faja de costa cubierta de hielos.

En cierto sentido, las diferencias existentes entre los esquimales iglulik y los del cobre derivaban del hecho de ocupar áreas geográficas distintas. En efecto, el territorio en que acampaban los iglulik  siempre había sido abundante en morsas, narvales y ballenas. Por ello, la cultura de los iglulik se ha adaptado a la caza y utilización de estos grandes mamíferos.

En las zonas septentrionales de la Tierra de Baffin los narvales pasan junto a las costas y evolucionan en torno a los islotes. Aparecen avanzada ya la primavera en los límites de la capa helada y se dirigen en grandes bancos hacia los fiordos y los golfos apenas el hielo se rompe. Aunque los iglulik solían cazar a los narvales, su presa favorita eran las ballenas, a las cuales atacaban con un arpón sujeto a un gran flotador. Siguiendo este flotador, era posible saber luego donde volvería a emerger el animal y clavarle en el dorso un nuevo arpón provisto de otro flotador. Por fin, al acumularse los arpones en el cuerpo del cetáceo, los cazadores podían acercarse para asestar el golpe definitivo con toda comodidad; los flotadores, hechos de piel de foca hinchada, impedían que la ballena muerta se hundiera en el mar.

Pudiendo mantener jaurías de 15 a 20 perros gracias a las numerosas morsas que cazaban, los iglulik eran famosos por sus largas migraciones. Según parece en sus desplazamientos llegaron a cruzar enormes distancias, trasladándose desde los campamentos del interior de la península de Melville hasta la lejana isla de Bylot, a más de 500 kilómetros de distancia. Había familias que se dirigían tierra adentro para pasar allí el verano, pescando con arpón en los lagos y en la desembocadura de los ríos y cazando caribúes. Sin embargo en el siglo XIX, la llegada de los pescadores blancos de ballenas incrementó la tendencia de a permanecer todo el año en las zonas cercanas a las costas. Generalmente las flotas balleneras aparecían en verano y permanecían hasta que en las aguas se formaban los primeros hielos e incluso en algunos casos durante todo el invierno. La presencia en esta zona de numerosos buques balleneros obedecía a la abundancia de cetáceos; los patrones solían enrolar a menudo en sus tripulaciones a los cazadores esquimales del lugar y practicaban también con ellos el comercio, sobre todo de colmillos de morsa y pieles de oso. La pesca de la ballena constituyó durante más de un siglo un negocio muy lucrativo y, lógicamente, esta actividad influyó notablemente en la vida de los Iglulik.

Sin embargo, los cazadores que continuaron viviendo en las zonas cercanas a la cuenca del Foxe, en los límites del territorio de los Iglulik, consiguieron evitar el contacto con los pescadores de ballenas. las naves, en efecto, se movían generalmente dentro de la Bahía de Baffin, junto a la costa oriental de la Tierra de Baffin y pasaban a occidente a través del estrecho de Eclipse. Las condiciones del hielo en las zonas más septentrionales y occidentales hacían allí problemática la pesca de ballenas y, además, estos cetáceos eran mucho más abundantes en la parte nororiental de la Tierra de Baffin. En cierto sentido la pesca de la ballena partió en dos la cultura de los iglulik, aunque la tendencia de estos esquimales a desplazarse continuamente a través de todo su territorio amortiguó los efectos de este fenómeno. Así sucedió que desde comienzos del XIX, los iglulik fueron asimilando importantes elementos de la cultura material de los pueblos meridionales. Pronto se extendió el uso de las armas de fuego, los utensilios de hierro y las embarcaciones para le pesca de la ballena. De todas formas, los balleneros blancos no hicieron el más pequeño intento de convertir al cristianismo a los pueblos con los que estaban en contacto, ni tuvieron ningún interés en colonizarlos. En su mayoría eran ingleses que sólo pensaban en enriquecerse con la pesca de ballenas y no en conquistar nuevos territorios para el gobierno británico.

La verdadera colonización de los Iglulik se realizó más tarde, cuando la pesca de la ballena comenzó a decaer. Diversos factores contribuyeron a ello, pero sin duda el más importante fue el hundimiento del mercado de aceite de ballena poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial.

En una zona menos rica en recursos naturales un cambio tan brusco hubiera ocasionado grandes problemas económicos, pero en el territorio de los Iglulik se pudo superar sin excesivas dificultades, aunque por aquella época se produjeron algunos casos de hambre. Más tarde tras los pescadores de ballenas llegaron los comerciantes. En algunos casos comerciantes y pescadores eran las mismas personas, porque los balleneros a veces abandonaban las naves con las que habían llegado para establecer estaciones comerciales permanentes. A principio de la década de los 20 eran pocos los hombres que se habían adentrado hasta el extremo norte de la Tierra de Baffin o que desarrollaban en esta zona actividades comerciales. Junto a estos comerciantes independientes llegó también la Compañía de la bahía de Hudson, que fundó una estación comercial en Pond Inlet, a unos 400 km de distancia.

Por esta época comenzaron también a llegar los primeros misioneros a la zona. El territorio de los iglulik fue el teatro de un prolongado enfrentamiento entre misioneros católicos y anglicanos que querían acaparar en exclusiva las almas de la pequeña comunidad esquimal. Al final los anglicanos lograron establecer su hegemonía en la región septentrional de la Tierra de Baffin, y los católicos se asentaron en la de Foxe. Las comunidades de la zona muestran aun las huellas de la disputa religiosa de entonces. En el territorio de los Iglulik los seguidores de los dos credos están rigurosamente separados y los matrimonios entre los pertenecientes a las dos diferentes confesiones están aun prohibidos por los misioneros.

En resumidas cuentas, aunque su historia haya sido diferente, los esquimales del cobre y los iglulik se encontraban hacia 1.940 más o menos en la misma situación. Las catividades tradicionales habían cedido su puesto al comercio de pieles, y por todas partes los chamanes estaban perdiendo su influencia a causa del cristianismo. Los centros donde radicaban las diversas misiones y las estaciones comerciales se estaban transformando en núcleos de población estables. Las familias se iban reuniendo junto a las nuevas instituciones introducidas por los blancos, encontraban allí trabajo y se encaminaban hacia una nueva vida más estable. A pesar de lo cual, la mayoría de las familias iglulik no abandonaron sus campamentos y continuaron dedicándose a la caza con trampas. De esta manera se efectuó la transición de la vida tradicional de pura subsistencia a otra basada en el comercio de pieles. la comunidad primitiva se fue disolviendo para entrar en pleno capitalismo.

Los esquimales del caribú, en cambio, resultaron más directamente vulnerables a la transformación de su vida tradicional que los iglulik y los esquimales del cobre. Los del caribú eran los únicos esquimales del Canadá que no dependían enteramente de los mamíferos marinos. Vivían tierra adentro, diseminados en una región que se extendía desde el Manitoba septentrional hasta el Lago Baker, en los Territorios del Noroeste. Los caribúes que pasaban a través de su región en grandes manadas cuando emigraban hacia el norte en primavera o hacia el sur en otoño constituían la base de su economía. El método de caza preferido consistía en preparar un pasillo con piedras amontonadas, detrás de las cuales se apostaban, bien escondidos, los cazadores. Esta sucesión de piedras alarmaba a los caribúes que hacían lo posible por mantenerse en el centro de las dos filas. Pero a medida que la distancia entre ellas iba disminuyendo, al estrecharse gradualmente el paso, los animales terminaban por encontrarse al alcance de los arqueros en acecho. Otro método de caza consistía en el uso de palos adornados con plumas de pájaro y trozos de piel. Estos palos alarmaban a los rebaños de caribúes, ahuyentándoles hacia un lugar donde fuera más fácil acercarse a ellos, especialmente un río o lago que los animales intentarían cruzar. Cuando un buen número de caribúes se habían arrojado al agua, los esquimales se acercaban a ellos, navegando en sus kayaks para cazarlos. Otra técnica consistía en el uso de pistas artificiales que los rebaños seguían gustosos y al lado de las cuales los cazadores podían esconderse.

Los esquimales del caribú confeccionaban sus ropas y cubrían sus tiendas con las pieles del caribú. dado que los límites meridionales de su territorio lindaban con la región de los grandes bosques, la madera era usada como combustible. Más tarde al norte, las tiendas y los iglúes solo se podían calentar mediante la grasa obtenida de los caribúes. Esta grasa constituía también una parte importante de la alimentación de los esquimales del caribú, pero como combustible no era parangonable, ni de lejos, con la de los mamíferos marinos.

 

 

 

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