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Groenlandia
Donde el mundo se acaba

Ricardo López Valverde, nuestro especialista y una de las personas que mejor conoce Groenlandia y los inuits, ha escrito  este bonito libro donde se recogen los aspectos culturales, históricos, tradiciones y hacia donde va este enigmático y desconocido pueblo.



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Fridtjof Nansen. Una vida,múltiples obras.

El nombre de Fridtjof Nansen adorna una sencilla lápida en un tranquilo jardín de las afueras de Oslo. Sólo el nombre, ninguna fecha. Y así es como tiene que ser, porque la vida de los grandes hombres carece de límites temporales y Nansen fue uno de los más grandes.

Su talento alcanzó cotas sorprendentes. Fue explorador, escritor, deportista, oceanógrafo, hombre de Estado y ganador del Premio Nobel de la Paz. Además salvó miles de vidas con su trabajo humanitario al concluir la primera guerra mundial.

Fridtjof Nansen estaba arraigado profundamente en Noruega. Procedía de una familia muy conocida y respetada por sus servicios a la sociedad. Sus antepasados habían mostrado excelentes cualidades para ostentar el liderazgo y una fuerte atracción hacia la exploración de lo desconocido. Nansen descendía por parte materna del conde Wedel-Jarlsberg, comandante en jefe del ejército noruego en la época en que Christian V era Rey de Dinamarca y Noruega. Por parte de padre fue su antepasado Hans Nansen, anterior alcalde de Copenhague, que hizo un viaje exploratorio al Mar Blanco. Se dice que Fridtjof Nansen tuvo un carácter muy parecido al de su madre, una mujer hábil y trabajadora que supo llevar la casa eficazmente, a la vez que buscaba el tiempo necesario para estudiar y desarrollar su personalidad. Las cualidades más suaves, que se hicieron notar más con la edad, tal vez las había heredado de su tranquilo y ascético padre, que fue un reconocido abogado de integridad inquebrantable.

Nansen nació en 1861. Tuvo una infancia privilegiada, sobre todo si tenemos en cuenta las condiciones normales en aquel tiempo, pero también aplicando criterios de hoy en día. El espectro de la pobreza nunca hostigó a la familia, a diferencia de otras tantas en esa época. Durante los años de formación Nansen tuvo todas las oportunidades para dedicarse a sus innumerables intereses. Vivió unos años felices en la espaciosa casa de la finca de Store Frøen, cerca de Oslo, junto con su hermano Alexander y varios hermanastros y hermanastras. Store Frøen, hoy en día urbanizada, era entonces un paraíso campestre. Justamente detrás comenzaba la extensa Nordmarka, una zona forestal que se extiende desde Oslo en dirección norte. El amor del joven Nansen por la naturaleza nació en la soledad de los infinitos bosques, en los que los únicos caminos son los que hacen los arroyos entre los abetos y pinares.

A pesar de que Nansen era de familia relativamente acomodada, sus padres le inculcaron, desde muy temprano, el valor del trabajo esforzado y de la disciplina. Caracterizaban a la familia de Store Frøen la sencillez de su dieta alimenticia y su modesta forma de vida.

Hombre con grandes dotes

Nansen mostró desde edad temprana tener grandes facultades en muchos campos. De niño destacaba entre los amigos de la misma edad por su insaciable curiosidad y por su decisión. De joven era un excelente patinador y esquiador.

Los intereses y las aptitudes de Nansen eran múltiples, siendo tantos que le resultó difícil elegir carrera cuando entró en la Universidad de Oslo. Aunque prefería la Física y las Matemáticas, pensó que el estudio de la Zoología le permitiría pasar más tiempo al aire libre, y éste fue el factor determinante. La Oceanografía, materia en la que posteriormente destacaría, se encontraba aún dando los primeros pasos.

La llamada del norte

Durante la época de los estudios se encendió la pasión de Nansen por las zonas árticas, pasión que se mantendría durante toda la vida. Por recomendación de un profesor se enroló en una embarcación de caza de focas, el"Viking", rumbo al Océano Glacial Ártico. A bordo del "Viking" tomaría notas sobre los vientos, las corrientes del mar, los movimientos del hielo y la fauna. Nansen cumplió muy bien con su trabajo. Hizo valiosas observaciones científicas; notas minuciosas ilustradas con pequeños y excelentes esbozos.

Fue en esa época cuando comenzó a escribir los muchos diarios que han proporcionado a la posterioridad los fascinantes destellos de las partes más recónditas de su mente.

Aparte de los aspectos científicos, el viaje a bordo del "Viking" iba a ser muy importante, no sólo por marcar el inicio del compromiso de Nansen en el norte, sino también porque su curiosidad le llevó a fraguar nuevas teorías. Una pieza de madera flotante sobre el hielo encadenó una serie de ideas, que finalmente culminarían en el conocido viaje a bordo del "Fram". Nansen se extrañó ante la presencia de la madera flotante y le intrigó su orígen. Llegó a la teoría de que su procedencia debía ser Siberia, lo que posteriormente fue confirmado con el viaje del "Fram".

No obstante, antes de producirse este acontecimiento, Nansen llevaría a cabo otra expedición que trajo por vez primera su nombre a la atención del público. A bordo del "Viking" había vislumbrado la costa oeste de Groenlandia, costa que suscitaba numerosos interrogantes en esa época envuelta de misterio. Unicamente los esquimales la habían pisado y ningún europeo había penetrado en las zonas interiores, cubiertas de nieve. La idea de cruzar el helado interior de Groenlandia arraigó en Nansen en aquellos momentos, aunque dicho viaje no se realizara hasta el año 1888.

Años académicos

A la vuelta del viaje con el "Viking" le fue ofrecido a Nansen el puesto de conservador de la Colección de Historia Natural del Museo de Bergen, oferta halagüeña para un hombre de veinte años que no había hecho sino terminar su educación universitaria.

Nansen dedicó los seis años que pasó en Bergen a estudios intensos, no al aire libre, como él había esperado, sino en un laboratorio. El contraste entre la dura vida a bordo de la embarcación de caza y la tranquila rutina ante el microscopio, con estudios minuciosos de animales diminutos, fue muy brusco. La materia que había escogido para sus estudios es una de las más difíciles y arduas de la Zoología; el sistema nervioso central. Con su tesis "The Structure and Combination of Histological Elements of the Central Nervous Sistem" (Estructuras y combinaciones de elementos histológicos del sistema nervioso central) de 1887, hizo el doctorado de Filosofía. La tesis contenía tal cantidad de interpretaciones nuevas, que el tribunal la aprobó con cierto escepticismo. Hoy en día se considera una obra clásica.

Atravesando Groenlandia en esquís

Nansen no olvidó su plan de cruzar el helado interior de Groenlandia durante todo el tiempo que estuvo en Bergen estudiando, y en 1887 inició los preparativos para el viaje. El plan era audaz, original, y, en opinión de muchos, temerario. En vez de desembarcar en la poblada costa oeste, para desde allí aproximarse al interior, planificó el desembarque en la costa este, para ir hacia el oeste. Lo quiso hacer así por no tener que hacer la travesía dos veces, ya que si la expedición se hubiese iniciado en el oeste, ningún barco se atrevería a esperarles en la inhóspita costa del este. Esto significaba que la distancia a recorrer sería el doble. Al empezar en el este, no habría ninguna posibilidad de volver. Habría un camino sólo; hacia adelante. Esta era una filosofía que encajaba perfectamente con Nansen, con su actitud de "todo o nada". La de quemar todos los puentes detrás fue una estrategia que también utilizaría posteriormente y con igual éxito.

La tarea a la que se enfrentó la tripulación fue enorme. La costa del este estaba casi siempre cerrada por un cinturón de banquisa a la deriva, traída por la poderosa corriente polar. Anteriormente, barcos y hombres se habían perdido en esas aguas. Enormes icebergs flotaban a la deriva en las pocas bahías que podían ofrecer el necesario cobijo y glaciares salientes amenazaban continuamente con venirse abajo. Justo detrás de esta barrera terrorífica se extendía la cordillera, bordeando la costa.

El financiamiento era otro obstáculo. A pesar de la recomendación de la Universidad, el Storting estaba poco dispuesto a otorgar dinero para tan arriesgado proyecto, cuyo beneficio para la ciencia parecía bastante dudoso. No obstante, mil dolares de un comerciante adinerado en Copenhague bastaron para que la bola de nieve empezara a rodar.

La amplia y meticulosa planificación de la expedición era la forma característica de trabajar de Nansen, tanto en esa ocasión como en las posteriores. Cada paso fue escrupulosamente planificado. Si la hazaña finalmente fue coronada de éxito, esto se debió precisamente a su atención escrupulosa hasta el último detalle.

La expedición, que contaba con seis hombres, partió de Noruega en el mes de junio de 1888. El 17 de julio los expedicionarios, dejando la seguridad de a bordo, se pusieron a remar hacia la costa de Groenlandia en sus pequeñas embarcaciones descubiertas. Esta operación se había calculado que llevaría unas dos o tres horas, pero tardaron 12 días. Por el camino quedaron cada dos por tres encerrados entre grandes trozos de hielo. Para poder seguir, tuvieron que avanzar arrastrando los barcos por encima del hielo, hasta alcanzar de nuevo mar abierta. Hasta el 29 de julio no pudieron pisar tierra firme y, debido a los vientos y a las corrientes, esto se produjo casi 500 kilómetros más al sur de lo que se había planificado desde el principio. Casi un mes después de haber dejado el buque y tras haber vencido las abruptas rocas de la costa, pudieron finalmente emprender el largo y trabajoso viaje sobre el helado interior de Groenlandia. La travesía duró hasta finales del mes de septiembre, fecha en la que por fin alcanzaron la costa oeste después de unos esfuerzos casi sobrehumanos y con temperaturas que a veces descendieron hasta los cincuenta grados bajo cero. A la edad de 27 años, Nansen había llevado a su tripulación, sana y salva, a lugares nunca antes pisados por el hombre. Durante este duro viaje la tripulación había tomado igualmente nota detallada de observaciones sobre las condiciones meteorológicas y otros importantes hechos científicos.

Ningún barco saldría de la costa oeste hasta la próxima primavera, de manera que Nansen tuvo que pasar el invierno en Groenlandia. Este tiempo lo aprovechó para estudiar a los esquimales y hacer acopio de material para el libro que posteriormente escribiría; "Vida de los esquimales" (1891).

En el mes de mayo de 1989 Nansen y sus hombres retornaron triunfalmente a Noruega y el país les ofreció la recepción que corresponde a héroes nacionales.

El viaje con el "Fram" empieza a tomar cuerpo

Sin embargo, Nansen no se durmió en los laureles. Todavía le intrigaba la madera flotante que había observado en el hielo cerca de Groenlandia. Otro indicio más de la existencia de una corriente marítima que iba del este al oeste surgió cuando se descubrieron, cerca de Groenlandia, piezas del equipamiento del "Jeanette", buque americano naufragado al norte de Siberia en 1879. Nansen estaba convencido de que estas piezas las había traído una corriente ártica que debía ir desde Siberia hacia el Polo Norte y desde allí a Groenlandia. Su plan era el de construir un barco lo suficientemente fuerte como para resistir las presiones del hielo, navegándolo desde Siberia hacia el norte, hasta que se quedara atrapado en el hielo. Tenía la intención de quedarse a bordo, mientras la corriente llevaría el barco hacia el oeste y el Polo, y después a Groenlandia. Expuso su teoría ante Norsk Geografisk Selskap (Sociedad Geográfica de Noruega) y Royal Geographical Society of London. Los eruditos se mostraron muy escépticos con el plan. Les resultaba imposible que se pudiera construir un barco de esta índole, manifestando que la realización del plan sería nada menos que el suicidio.

No obstante, los noruegos tenían fe en su joven héroe. El Storting cubrió gran parte de los gastos de la expedición y contribuciones del Rey y de personas privadas financiaron el resto.

Los tres años siguientes se dedicaron a los preparativos. Era necesario construir un barco y Nansen colaboró con Colin Archer, célebre constructor naval, en el diseño. El resultado fue el "Fram" [Adelante].

El "Fram" no era ninguna belleza. Actualmente tiene su propio museo fuera de Oslo y muchos de los visitantes dirán que es más bien informe y feo. No obstante, fue sumamente apto para su misión. El casco, hecho de tres capas de encina y maderas tropicales de especial dureza, era enormemente sólido, reforzado con vigas fuertes en todas las direcciones. Su forma redondeada no ofrecía al hielo ninguna posibilidad de agarrarse. Cuando el hielo empezara a presionar con su enorme fuerza, el "Fram" simplemente sería empujado hacia arriba. La popa y la proa estaban recubiertas de hierro. Los camarotes y la sala de estar eran cálidos y agradables. Había una biblioteca bien dotada y también juegos e instrumentos de música para entretenerse durante los muchos y monótonos meses que se iban a pasar a bordo.

Para la expedición, Nansen escogió a 12 hombres, entre ellos Otto Sverdrup, que le había acompañado anteriormente a través de Groenlandia y que ahora sería el capitán del barco. La expedición partió de Cristianía (actualmente Oslo) en junio de 1893 llevando aprovisionamientos para seis años y combustible para ocho. Nansen preveía que el viaje iba a durar entre dos y tres años. No obstante, no quiso correr ningún riesgo que pudiera poner en peligro la vida de todos. Antes de la salida se despidió de su esposa Eva (anteriormente Eva Sars), cantante prometedora, y su hijita Liv, de seis meses de edad.

El "Fram" bordeó primero la costa de Noruega, para después girar hacia el este, haciendo un buen trecho por la costa de Siberia. Luego cambió el rumbo en dirección norte, alcanzando la banquisa el 20 de septiembre. Se retiraron el timón y la hélice, acondicionando al "Fram" para su largo viaje a la deriva hacia el oeste.

Solos en el hielo

El barco mostró ser idóneo para su fin. Durante los tres años en que la tripulación vivió totalmente aislada del resto del mundo, la embarcación fue un refugio seguro y cómodo. Incluso amenazado por las temidas crestas de hielo con triturar con su enorme peso la pequeña embarcación de tan sólo 530 toneladas de peso muerto, el "Fram" superó la prueba y se mantuvo igual de compacto y seguro que cuando fue construido.

Había peligros no sólo de carácter físico, sino también psíquico. La monotonía y el consecuente agotamiento de energía eran amenazas constantes. Nansen lo afrontó procurando que los hombres estuviesen siempre ocupados conforme a un horario fijo. Las observaciones científicas formaban parte importante de este trabajo.

Se avanzaba de manera penosamente lenta, y después de varios meses de desilusiones, el "Fram" sólo se había movido un corto trecho. A Nansen, persona de carácter inquieto, le resultó difícil superar la monotonía a bordo. No parecía que el "Fram" hubiera de llegar tan cerca del Polo como se había esperado. Nansen tomó la decisión de abandonar el barco y lanzarse hacia el Polo llevando consigo a Hjalmar Johansen, uno de los hombres más fornidos y vigorosos de la tripulación. Sería imposible volver a encontrar el barco, razón por la cual Nansen tenía la intención de ir rumbo a Spitsbergen o Tierra de Francisco José una vez alcanzado el Polo. La responsabilidad del "Fram" la dejó en manos del hábil Otto Sverdrup.

Camino del Polo

Nansen y Johansen dejaron el barco el 14 de marzo de 1895. Con perros, kayacs y trineos hicieron un intento desesperado de alcanzar el Polo. Pero, una vez más, se avanzaba con demasiada lentitud, siendo las condiciones más difíciles de lo esperado. Cuando por fin lograron alcanzar los 86 grados y 14 minutos de latitud norte, – ningún hombre había estado nunca tan cerca del Polo – se decidieron a volver, dirigiéndose hacia Tierra de Francisco José.

El viaje, de una distancia de 500 kilómetros, les había costado cinco meses de esfuerzos agotadores. Finalmente, Nansen y Johansen alcanzaron una isla a la que Nansen posteriormente daría el nombre de "Jackson Island", por el explorador británico. En dicha isla pasaron los 9 meses de invierno cobijados en una pequeña cabaña que construyeron de piedras.

Al año siguiente, en el mes de mayo, emprendieron la esforzada marcha hacia el sur. Sin embargo, a mediados de junio tuvieron la suerte casi increíble de encontrarse en el hielo con Frederick Jackson, líder de una expedición científica británica que se hallaba trabajando en Tierra de Francisco José. Los noruegos le acompañaron de vuelta al centro de operaciones de los británicos.

Un relato escrito del fatigoso viaje en trineo por el Ártico de Nansen y Johansen ha aparecido recientemente, en forma de diario de puño y letra de Nansen. Una copia escrita en limpio de sus 599 páginas, cuidadosamente anotadas, puede actualmente contemplarse en el Museo Polar de Tromsø.

Dos meses más tarde, el 13 de agosto de 1896, Nansen y Johansen llegaron a bordo del barco de Jackson al puerto de Vardø, ciudad del norte de Noruega. Lo que no sabían era que el "Fram" había logrado ese mismo día salir a flote del hielo en las proximidades de Spitsbergen e iba rumbo hacia el sur. Tan sólo una semana después de la vuelta de Nansen y Johansen, el "Fram" conseguía anclar en el puerto de Skjervøy, en el extremo septentrional de Noruega. La embarcación había sido arrastrada hacia el oeste por la corriente a la deriva, tal como Nansen había pronosticado. Su teoría había resultado ser correcta.

Regreso triunfal

La vuelta a lo largo de la costa noruega fue un viaje triunfal para Nansen y sus doce hombres. El 9 de septiembre llegaron a Oslo, donde se les recibió con entusiasmo. La nación noruega, durante tanto tiempo sometida a la soberanía de Suecia y de Dinamarca, estaba inmersa en una crisis debido a la posible unión con la primera de las dos naciones. Había amenaza de guerra. En tales circunstancias Noruega necesitaba líderes nacionales y la nación vio en Nansen un hombre de inmejorables cualidades. A la edad temprana de 35 años tenía más méritos en su haber que muchos de los más destacados contemporáneos de mayor edad.

La importancia del viaje de Nansen desde el punto de vista científico corría el riesgo de ser pasada por alto con tanto incienso y tanto halago de los aspectos heroicos del mismo. La investigación de Nansen había proporcionado nuevos conocimientos de inestimable valor. Se había comprobado la no existencia de tierra cerca del Polo por el lado eurasiático; sólo había un mar muy profundo, cubierto de hielo. Los expedicionarios habían descubierto una corriente cálida del Atlántico a una cierta profundidad debajo del hielo polar y habían recopilado datos sobre las corrientes, los vientos y las temperaturas, datos que serían de gran utilidad para los científicos durante muchos años en adelante. El viaje a bordo del "Fram" tuvo gran importancia para la Oceanografía, que era una ciencia nueva, y para el mismo Nansen significó un viraje decisivo en su trabajo científico, pues la Oceanografía se convirtió en el eje de su labor de investigación.

Un intervalo dedicado al estudio

Nansen, que por entonces había llegado a ser catedrático, dedicó muchos años al estudio de los océanos, alternando el trabajo en la universidad y las expediciones a las zonas de interés. Hizo largas expediciones al Mar de Noruega y al Océano Atlántico para recopilar datos científicos, e igualmente material de la flora y la fauna. Sus hallazgos contribuyeron a esclarecer la influencia del mar sobre el clima en la tierra.

Un nuevo papel

No le resultó muy difícil a Nansen cambiar sus actividades de explorador y científico por las de hombre de Estado. Había mostrado claramente sus cualidades como líder y gozaba de gran respeto y estima entre sus compatriotas.

En 1905 la discordia sobre la unión entre Noruega y Suecia se había profundizado, siendo la crisis un hecho. Noruega insistía en tener su propio gobierno y deseaba que la responsabilidad de la política exterior se pusiera en manos del Rey, y no en las del ministro de Asuntos Exteriores sueco, como lo habían determinado los suecos en 1885. En agosto de 1905 la crisis se agudizó y el pueblo noruego votó en favor de la disolución total de la unión con Suecia. En ese momento difícil y tenso, cuando la guerra parecía inminente, Fridtjof Nansen procuró dar ánimo a sus compatriotas, aconsejándoles "seguir adelante, adelante por una Noruega libre".

Cuando los suecos presentaron sus pretensiones, totalmente inaceptables para Noruega, Nansen fue enviado a toda prisa, primero a Copenhague, y después a Gran Bretaña, donde estuvo trabajando durante casi un mes convenciendo a los británicos de lo justa que era la causa de Noruega. Poco a poco, las dos partes iban suavizando sus reivindicaciones y a mediados de octubre se firmó el acuerdo por el que se liberaba a Noruega del dominio sueco.

Nansen gozaba de tal prestigio entre sus compatriotas, que se le pidió en 1905 desempeñar el cargo de Primer Ministro noruego. Se dice también que se le ofreció, en secreto, ser Presidente o Rey cuando se hubiese determinado la forma de gobierno de Noruega. Nansen rechazó ambas ofertas, argumentando que su verdadera profesión era la de "investigador y explorador". Participó, sin embargo, personalmente en la labor de convencer a Carl, príncipe danés, para que aceptara subir al trono vacante de Noruega. Posteriormente el príncipe Carl tomó el nombre noruego de Haakon VII.

Los años en Londres

A pesar de su fuerte deseo de continuar como científico, Nansen no pudo negarse cuando el Rey Haakon le pidió asumir el cargo de embajador noruego en Londres. Nansen prestó sus servicios en la capital británica de 1906 a 1908. Durante este periodo, en 1907, murió su esposa Eva, lo que le causó gran dolor. El fallecimiento se produjo poco después de que Nansen hubiera perdido la esperanza de poder encabezar una expedición hacia el Polo Sur. Había planificado hasta el último detalle una gran expedición a ese desconocido continente. No obstante, el joven investigador polar noruego Roald Amundsen le había pedido el "Fram" para realizar un largo viaje al norte de Siberia, una expedición que tal vez pudiera aportar valiosos descubrimientos oceánográficos.

Nansen necesitaba el "Fram" para su expedición al Polo Sur, que al parecer sería la culminación de su carrera como investigador. El asunto le produjo muchas cavilaciones. No obstante, con su habitual altruismo, aunque con pesar, se decidió a dejarle a Roald Amundsen el "Fram".

Abogando por Noruega

Durante la I Guerra Mundial no hubo ninguna posibilidad de llevar a cabo investigaciones oceánicas ni expediciones científicas y esta situación duraría más de cuatro años. Noruega mantuvo su neutralidad, pero tuvo que afrontar problemas muy graves cuando EE.UU., que entró en la guerra en 1917, impuso restricciones a las exportaciones de productos alimenticios. Una comisión encabezada por Nansen fue enviada a Washington. Durante más de un año dirigió la larga y a veces desesperada lucha para garantizar a Noruega el abastecimiento de comestibles, sin que el país se viera obligado a renunciar a su neutralidad. Finalmente tomó el asunto en sus propios manos, zanjándolo a pesar de la burocracia y firmando un acuerdo que – a cambio de ciertas concesiones – garantizaba a Noruega cada año buques cargados de provisiones vitales.

La I Guerra Mundial despertó en Nansen repugnancia por la matanza que implica toda acción bélica. Cuando la Sociedad de Naciones empezó a configurarse después de la guerra, Nansen trabajó infatigablemente por su logro, siendo posteriormente delegado noruego durante muchos años. Los estados pequeños y neutrales habían quedado prácticamente olvidados en las negociaciones previas a la creación. Las grandes naciones dictaban las condiciones, siendo las pequeñas meramente espectadores. A pesar de ello, Nansen vio en la Sociedad de Naciones una nueva esperanza para la humanidad. Convenció, no sólo a Noruega, sino también a los demás países escandinavos para que solicitaran la afiliación.

El trabajo por las víctimas de guerra

Después de ocupar durante años el puesto de delegado en la Sociedad de Naciones, Nansen tenía planificado dedicar el resto de su vida a su verdadera vocación, la ciencia. Sólo con cierta reticencia había asumido los cargos de hombre de Estado y de diplomático, pudiendo ahora retirarse del trabajo en la escena internacional con la conciencia limpia.

Sin embargo, la Sociedad de Naciones lo vio de otra manera. En Europa y en Asia medio millón de personas estaban viviendo y sufriendo en campos de prisioneros. Eran prisioneros de guerra que habían luchado por Alemania y sus aliados. A los rusos generalmente no les preocupaba el destino de estas personas. Muchos de los prisioneros ya no tenían patria. Tampoco disponían de información alguna sobre sus familias y desconocían casi por completo lo que había pasado. Miles de ellos morían de frío y de hambre.

La Sociedad de Naciones tuvo que afrontar el enorme reto que suponía el hecho de repatriar a todas estas personas, o bien proporcionarles una nueva patria. Este trabajo obviamente lo debía dirigir una persona capaz de actuar con rapidez y decisión, que contara con la confianza y el respeto de la comunidad internacional. La elección recayó en Nansen.

Aunque Nansen primero declinó la invitación, los repetidos actos de persuasión de los que fue objeto surtieron pronto efecto. En el mes de abril de 1920 salió de Cristianía para emprender su difícil misión. El Gobierno de la Unión Soviética rehusó reconocer la Sociedad de Naciones y no existían practicamente recursos económicos que emplear en alimentos, ropa y transporte.

Nansen, a pesar de haber preferido proseguir su trabajo científico, vio las grandes posibilidades que ofrecía la tarea a la que se tenía que enfrentar, pues podía demostrar al mundo que la Sociedad de Naciones no sólo era una visión idealista, sino también un instrumento útil para mejorar las condiciones de vida de la humanidad. Al mismo tiempo podía paliar los sufrimientos humanos que tanto le habían impresionado.

Nansen infundía tanto respeto, que las autoridades de la Unión Soviética accedieron a negociar con él personalmente. Se consiguieron los recursos económicos necesarios y se emprendió la ingente tarea. En septiembre de 1922 Nansen comunicaba a Sociedad de Naciones que la misión había sido cumplida. La organización de ayuda humanitaria de Nansen había logrado su cometido de manera satisfactoria en extremo. Más de 400.000 prisioneros de guerra habían sido repatriados de forma muy rápida, eficaz y a unos costes sorprendentemente bajos.

Ayuda contra el hambre

Nansen, que por entonces ya había cumplido los sesenta años, tenía aún muchas ganas de volver a Noruega para proseguir su trabajo científico y pasar más tiempo con la familia. No obstante, el mundo todavía le necesitaba. Antes de que los últimos prisioneros de guerra hubieran sido repatriados o se les hubiera proporcionado una nueva patria surgió una nueva crisis. En la Unión Soviética se malograron las cosechas de cereales y 20 millones de personas sufrieron los estragos del hambre, que trajo como consecuencia una serie de epidemias. El Comité Internacional de la Cruz Roja apeló a Nansen para que dirigiera un proyecto de ayuda humanitaria destinado a los afectados en las zonas azotadas por el hambre. Una vez más, Nansen olvidó sus propios intereses para ayudar a otros. Los rusos le permitieron abrir una oficina en Moscú desde la cual dirigir el trabajo de ayuda humanitaria. No obstante, al solicitar ante la Sociedad de Naciones los fondos necesarios para financiar el proyecto, no se le fueron concedidos. La Sociedad no deseaba ayudar a un país comunista.

Nansen hizo varios viajes para colectar los fondos necesarios, pero no consiguió reunir el dinero suficiente como para salvar a todos los afectados por el hambre, y miles de ellos murieron. Esto implicaba en parte el fracaso de sus esfuerzos, y le causó una impresión muy fuerte. Nansen no estaba acostumbrado a fracasar y mucho menos tratándose de algo que realmente se había propuesto. Este rechazo tan rotundo supuso un golpe contra su fe en las grandes posibilidades de la Sociedad de Naciones. Logró, sin embargo, ayudar a muchas personas, sobre todo en Ucrania y en los distritos del Volga.

La ayuda humanitaria a los refugiados

Paralelamente a la lucha contra el hambre, Nansen también organizó y dirigió otro proyecto de gran envergadura; el de ayudar a dos millones de desafortunados rusos, en fuga tanto de la revolución, como de la contrarrevolución, que habían sido dirigidos de un país a otro como si de ganado se tratase. Estaban involucrados numerosos países vecinos de la Unión Soviética, siendo necesario, por lo tanto, un líder capaz de llevar a cabo las negociaciones con los distintos Gobiernos. La Sociedad de Naciones le pidió a Nansen actuar de Alto Comisionado para los Refugiados, con la responsabilidad de coordinar el trabajo desempeñado por las distintas organizaciones de ayuda humanitaria.

El cometido más importante era el de dotar a los desplazados de documentos de identidad, debidamente legalizados, lo que no sólo les proporcionaría el estatuto de refugiado, sino también la posibilidad de conseguir un pasaporte. Nansen propuso la concesión de documentos, con las informaciones más importantes sobre el titular. Muchos Gobiernos accedieron al reconocimiento del "Pasaporte Nansen", lo que supuso para miles de personas la oportunidad de desplazarse y empezar una nueva vida en otro país. Nansen mantuvo también contactos con los Gobiernos, convenciéndoles para que acogieran cuotas de refugiados.

La labor de mayor envergadura en este sentido fue probablemente el traslado de cientos de miles de griegos y turcos que en 1922 habían huído de Tracia Oriental y de Asia Menor a Grecia, tras la derrota del ejército griego a manos de los turcos. Grecia, país azotado por la pobreza, no estaba en condiciones de acoger a los refugiados pero Nansen presentó un plan audaz. Se realizaría un intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía. Medio millón de turcos serían trasladados de Grecia a Asia Menor, recibiendo plena compensación por las pérdidas económicas. Además, un préstamo de la Sociedad de Naciones haría posible que el Gobierno griego pudiera facilitar vivienda y trabajo a los griegos retornados a su país, ocupando el lugar dejado por los turcos. Este ambicioso plan necesitó ocho años para llevarse a cabo, pero funcionó perfectamente.

Galardonado con el Premio Nobel

En reconocimiento de su trabajo con los refugiados y las personas afectadas por la hambruna, el Comité Noruego del Premio Nobel resolvió en 1922 otorgar a Fridtjof Nansen el Premio Nobel de la Paz, siendo el segundo noruego galardonado con esta distinción. Típico de su generosidad, donó el dinero a proyectos de ayuda humanitaria internacional.

A partir de 1925 Nansen consagró mucho de su tiempo a la labor en favor de los refugiados armenios, pueblo hostigado entonces como ahora. Después de ser masacrados por los turcos, se les había ahuyentado al desierto y condenado, por lo tanto, a morir. Nansen abogó con gran convicción por su causa, trabajando sin cesar para que los armenios tuviesen un país donde vivir o, en su caso, para conseguir fondos que permitieran el desarrollo de sistemas de riego en el desierto. No obstante, la Sociedad de Naciones rechazó sus planes y la solicitud de recursos económicos no recibió mucho apoyo. Este retroceso le afectó profundamente. Presentó su renuncia del cargo como Alto Comisionado para los Refugiados, que la Sociedad de Naciones no quiso aceptar. Sin embargo, a pesar del aparente fracaso, la labor de Nansen en favor de los armenios le proporcionó una posición tal entre ellos, que su nombre todavía se sigue mencionando con gran respeto en Armenia.

Nansen prosiguió su trabajo en la Sociedad de Naciones. Durante las sesiones de 1925 a 1929 desempeñó un importantísimo papel en la labor para asegurar la aprobación de una convención contra el trabajo forzoso en los territorios coloniales, así como también en los preparativos para una conferencia sobre el desarme.

A pesar de su gran interés por la defensa nacional – fue presidente de la Asociación Noruega para la Defensa en 1915 – , Nansen se interesó muchísimo por temas relacionados con el desarme. La decisión final de convocar una Conferencia de Desarme en 1932 se tomó en la XI sesión de la Sociedad de Naciones en 1930. No obstante, el asiento de Nansen permaneció vacío durante la Conferencia. Nansen había fallecido en paz el día 13 de mayo, en Polhøgda – su querido lugar de orígen –, cerca de Oslo.

Por Linn Ryne


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