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El
Artico es una tierra a la vez rica y extraña. Geológicamente, se trata
de restos no sumergidos de los antiguos escudos euroasiáticos y
canadienses, que hasta muy recientemente estaban cubiertos por enormes
glaciares. Aún hoy día estos cubren vastas extensiones de la región.
Se puede decir que el Artico es una tierra nueva para el hombre. Sus
desoladas extensiones encierran riquezas insospechadas hace tan sólo
cincuenta años.
Todavía, en algunas
zonas del Artico, como en Groenlandia, el tiempo parece haberse
detenido. Cinco sextas partes del territorio permanecen
permanentemente sepultadas bajo la pesada capa de los hielos. Sin
embargo, a pocos kilómetros de distancia, la naturaleza trabaja a una
velocidad asombrosa. La isla de Surtsey, un escollo desnudo de tierra
oscura, emergió junto a Islandia en 1.963, cuando columnas blancas y
negras de cenizas y vapor se alzaron a más de 30 metros sobre el nivel
del mar.
Más información sobre los
inuits (pincha en la foto) |
La misma Islandia es
una tierra de hielo y fuego. La octava parte de su superficie esta
cubierta por glaciares. El resto de la isla, en cambio, recuerda un
áspero paisaje lunar, pues hay en ella 30 volcanes activos. El hombre
se ha instalado sobre las exiguas franjas de terreno verde que rodean
la costa y los fiordos. El pueblo islandés está formado por los
descendientes de celtas y vikingos. Los primeros colonos fueron
probablemente celtas procedentes de Irlanda. Mas tarde, en los siglos
IX y X, llegaron los vikingos de Noruega. Tras ellos vinieron también
monjes celtas y esclavos capturados en Escocia.
Cuando los glaciares se retiraron
de Europa y Asia, el hombre avanzó al mismo ritmo hacia el norte hasta
que pobló completamente las regiones de bosques y tundras. Este
antiguo pueblo era moreno, de baja estatura,
y de rasgos físicos
mongoloides. Algunos de sus descendientes, los Chukchis, viven aún en
la Siberia nororiental. Las zonas septentrionales de Europa y la
Siberia occidental fueron luego ocupadas por pueblos ugrofineses. Sus
descendientes, los lapones, se extendieron por toda la península
escandinava y hacia el oriente, hasta el mar Blanco. Hoy la mayor
parte de los lapones viven en Noruega, pero se encuentran grupos más
pequeños también en Suecia, Finlandia y Rusia.
Durante
siglos el Artico ha sido una inmensa región donde los pueblos
provenientes del sur podían encontrar refugio. Muchos de los pueblos
árticos del Viejo Mundo tienen una cultura parecida, basada en la
caza, la pesca y la cría de renos. Los arqueólogos rusos sostienen que
los renos fueron domesticados por primera vez hace unos 4.000 años.
Durante todos estos siglos el reno ha constituido el sostén
fundamental de esta gente del norte, desde Noruega hasta el estrecho
de Bering. Algunas poblaciones viven permanentemente en los bosques,
pero la mayor parte son nómadas que durante el verano emigran con sus
rebaños al norte, hacia la tundra ártica, para cazar y pescar junto a
las costas árticas. Pequeños grupos de lapones y chukchis se han
establecido permanentemente en las costas árticas. Su existencia está
basada en la en la pesca y en la caza de las focas, al igual que los
esquimales de la costa que viven aún más hacia oriente. Gran parte de
la costa ártica, desde Alaska hasta Groenlandia, se halla poblada por
los esquimales.
Los esquimales, como
raza, están emparentados con los antepasados asiáticos de los chukchis.
Miles de años antes de nuestra era, probablemente hacia el 4.000 a.C.,
los pueblos que entonces vivían en las llanuras orientales de Siberia
fueron empujados hacia el norte y el este por hordas belicosas
provenientes del centro de Asia. Los habitantes de la llanuras
siberianas eran cazadores de renos que nada sabían del arte de la
guerra. Ante la continua presión de sus feroces vecinos, terminaron
por cruzar el estrecho de Bering, y así llegaron a Alaska. Algunos de
ellos se establecieron en las islas Aleutianas; extendiéndose de una
isla a otra, avanzaron aún más hacia occidente, pero nunca se
atrevieron a cruzar el ancho brazo de mar que los separaba de las
islas Komandorskiye. Los habitantes de las islas Aleutianas quedaron
bien pronto aislados del resto de su pueblo y desarrollaron su propia
cultura. A diferencia de los demás pueblos árticos, no tuvieron que
adaptarse a un ambiente de nieves y de hielos. El mar de aquellas
islas no se hiela. El clima es frío, húmedo y nublado, pero las
precipitaciones de nieve son escasas.
El resto de los
pueblos provenientes de Siberia encontró que Alaska estaba ocupada por
los antepasados de los indios americanos. Al encontrar este obstáculo,
los esquimales se vieron obligados a adentrarse en las tundras hasta
que encontraron tierras libres. El etnólogo Knud Rasmussen ha
designado a estos pueblos como protoesquimales.
Los primeros pueblos
protoesquimales se dirigieron a través de la cordillera de Brooks, en
el norte de Alaska, hasta alcanzar el Gran Lago de los Osos. Estas
llanuras onduladas dieron probablemente a aquellos emigrantes la
sensación de hallarse nuevamente en su antiguo país. La tundra que se
extiende al norte y al este del Gran Lago de los Osos recuerda
efectivamente las desnudas estepas de la Siberia septentrional.
Incluso la fauna debía de serles familiar. El zorro blanco, el lobo,
el lemming y el caribú, al igual que muchos otros animales, son los
mismos en Siberia que al norte de Canadá. Para un pueblo cuya forma de
vida había estado basada en la cría del reno no existía ninguna
dificultad en hacer lo mismo con el caribú, que está emparentado con
aquel.
Después
de que los pueblos provenientes de Siberia se hubieran establecido en
el Canadá septentrional, comenzaron a producirse dos hechos: cada
primavera los caribús realizaban su anual migración hacia el norte,
hacia las costas árticas. Hace unos 5.000 años alguna de las tribus
que seguían a los caribús para cazarlos empezaron a establecerse en
las costas septentrionales del Artico, desde Alaska a Groenlandia.
Finalmente evolucionó hacia una forma de vida exclusivamente marina,
basada en la captura de focas, morsas y ballenas.
Muchos años más
tarde, hacia el siglo XVIII d. de C., un nuevo factor vino a perturbar
la existencia de los esquimales de la tundra. Estos pueblos que habían
preferido permanecer en las llanuras del interior, fueron sometidos a
presiones cada vez mayores por parte de las tribus indias del sur.
Armados con los fusiles recibidos de los comerciantes europeos, los
indios de las praderas comenzaron a adentrarse en los grandes bosques
canadienses, trasladándose hacia el norte. Los indios cree, que habían
sido expulsados de las llanuras, entraron en conflicto con sus vecinos
del norte. Estos, que hasta entonces habían vivido en los grandes
bosques, se vieron obligados a trasladarse más al norte, a la región
de la tundra, donde terminaron por adaptarse a las costumbres de los
cérvidos migratorios.
En estas condiciones
fue inevitable que los indios usurparan las tierras de los esquimales,
e igualmente inevitable que corriese la sangre. Las historias
sangrientas de aquellos tiempos se reflejan en el actual folklore de
los esquimales del interior. Esta feroz lucha entre ambos pueblos por
su supervivencia continuó hasta casi el final del siglo XIX. Sin
embargo, fue un combate desigual, pues los esquimales no eran
guerreros. Como había ya sucedido en Siberia, fueron empujados hacia
las extensiones árticas, esta vez por los indios. En su folklore
encontramos narraciones de las grandes expediciones en busca de nuevas
tierras donde establecerse. Algunos fugitivos se dirigieron al norte,
en dirección a la costa. Estos grupos se establecieron en la costa
ártica alrededor del golfo de la Coronación, donde desarrollaron una
nueva cultura más adaptada al ambiente marino. Los grupos restantes se
dirigieron en cambio hacia el este, adentrándose cada vez más en las
Barrend Lands.
De esta manera, la
cultura de los esquimales tuvo diversos desarrollos en función de las
migraciones y la mezcla con los grupos locales. Con el transcurso del
tiempo, sus descendientes, que habían aprendido a luchar con el mar,
se dirigieron a occidente hasta la costa del Pacífico en Alaska y a
oriente hasta Groenlandia. Actualmente los seres humanos que viven
permanentemente más al norte de nuestro planeta son los esquimales del
Polo. Esta tribu habita en la Tierra de Inglefield, al norte de
Groenlandia. Los esquimales de la Groenlandia oriental viven alrededor
de Angmagssaliq y de la Tierra del Rey Cristian IX. Los groenlandeses
del oeste habitan en la costa occidental, sobre todo en la zona
situada entre la bahía de Melville y el cabo Farvel.
Pero hubo algunos
que se obstinaron en permanecer en las llanuras, donde habían vivido
desde los albores de su historia. El último grupo de esquimales, por
fin, se asentó definitivamente en la vasta estepa helada que se
extiende al nordeste de la Bahía de Hudson junto a los lagos Dubwant,
Yathkyed y Angikuni, en el distrito de Keewatin.
Los primeros
europeos llegaron a la bahía de Hudson en el siglo XVII. En aquella
época los esquimales del interior llevaban ya muchos años establecidos
en la región de las tundras. Toda esta región, desde el límite de los
grandes bosques de abetos hasta las costas árticas, estaba en manos de
un gran número de esquimales del interior, quienes para su
supervivencia dependían totalmente del caribú.
Durante los dos
siglos siguientes, mientras los europeos destruían o transformaban el
modo de vida de muchos esquimales e indios de la costa, los pueblos
del interior permanecieron fuera de su radio de acción. Y, sin
embargo, aunque indirectamente, el hombre blanco fue causa de cambios
en su existencia tradicional. Desde sus primeros y antiquísimos
contactos, los esquimales y los indios chipewyan se habían mantenido
siempre a respetable distancia los unos de los otros. Ninguno de los
dos pueblos era particularmente belicoso y, aparte de algunos
incidentes aislados, habían preferido dejar una amplia zona de
territorio deshabitado que los separase. Luego los chipewyan
comenzaron a cambiar sus bienes por armas. De esta forma, antes de
terminar el siglo XVIII, los esquimales se vieron expulsados de las
tierras donde habían vivido durante cientos de años.
Pero el dominio de
los indios sobre las tierras del norte fue efímero. Las enfermedades,
especialmente la viruela, procedentes del sur diezmaron tribus enteras
de indios.
El número de
esquimales del interior sobrepasaba en aquellos tiempos la cifra de
2.000. Estos se llamaban a sí mismos ihalmiut, palabra que
significa "el otro pueblo", es decir, los que están separados y son
superiores a todos los demás. Y, en efecto, era difícil vivir más
aislados que ellos.
El primer contacto
con los blancos tuvo lugar en 1.867, año en que un misionero pudo al
fin llegar a su remoto territorio. A partir de aquella fecha pequeños
grupos de audaces cazadores esquimales empezaron a comerciar con los
misioneros y con el puesto de la Compañía de la Bahía de Hudson, en
Reindeer Lake.
A
finales del siglo, los pueblos del interior constituían el grupo más
numeroso y compacto entre todos los esquimales. Eran también los más
prósperos y poderosos. A diferencia de la mayoría de los esquimales de
la costa, cuya forma de vida dependía de los recursos del mar, los del
interior eran un pueblo sedentario que desde hacía muchos años
habitaba en campamentos permanentes situados junto a los ríos y a
orilla de los lagos. El caribú, sobre el que se basaba todo su sistema
de vida, llegaba hasta ellos dos y hasta cuatro veces al año, en
manadas tan numerosas que se perdían en el horizonte. Los esquimales
del interior no estaban, como sus parientes de la costa, ligados por
una especie de esclavitud a la misión y a la estación comercial. Eran
un pueblo rico, según su concepto de riqueza, pues rara vez sufrían el
frío y el hambre. Los ciervos y los carneros almizcleros eran
abundantes, y gracias a ellos los ihalmiut no tenían ninguna necesidad
de caminar sobre la nieve en busca de focas durante largas y terribles
jornadas invernales, ni sobre lagos helados, temblando de frío, en
espera de algún pez. para ellos el invierno no era un periodo difícil
y lleno de privaciones, sino la estación en la que se organizaban las
fiestas, se visitaba a los amigos y parientes, y se contaban
historias. Los esquimales del interior disponían de abundante tiempo
libre para dar rienda suelta a la palabra y al pensamiento, mientras
las tribus que vivían en las desoladas costas del mar no conocían
tregua en su eterna lucha por la supervivencia.
Fue de nuevo el
hombre blanco quién destruyó la feliz existencia de estos esquimales.
En 1.947 el puesto comercial de Reindeer Lake emitió un mensaje
anunciando que algunos de los habitantes del interior, exactamente 46,
estaban a punto de perecer de hambre. ¿Como era posible que un pueblo
antes rico y próspero se hallara ahora reducido a la más absoluta
miseria?
Los comerciantes y
los cazadores de pieles habían visto las intactas riquezas de aquellos
territorios con los mismos ojos del buscador que piensa en un rico
filón escondido entre las montañas. La Compañía de la Bahía de Hudson
había sido la única propietaria legal hasta el siglo XIX de casi todo
el Canadá septentrional. Los ingresos de la Compañía en el norte
provenían del comercio de pieles, proporcionadas casi exclusivamente
por indios y esquimales. Los comerciantes convencieron a los pueblos
del norte de que la caza de las pieles de zorro era más provechosa que
la búsqueda de alimento. Los indios y los esquimales no tardaron mucho
en comprender que proporcionar pieles a los blancos a cambio de
fusiles, municiones y harina era más faácil que ir a la caza de
caribús o de focas armados con simples lanzas. Fue así como en pocos
decenios perdieron la tradicional costumbre de hacer acopio de carne
desecada para afrontar los periodos de carestía. Pero cuando el
comercio dejó de producir píngües ganancias, cuando el precio de la
piel cayó en los mercados europeos y americanos, los comerciantes se
marcharon. La nueva forma de vida que habían enseñado a esta gente
resultó su ruina. Habían olvidado como se fabricaban las tradicionales
armas de sus padres, y, sin las municiones de los comerciantes, los
fusiles eran inútiles. Otro mal que el hombre blanco había introducido
entre los esquimales fueron las enfermedades. Muchísimos indios y
esquimales murieron a causa de la gripe, la difteria, la poliomielitis
y la tuberculosis.
Hasta los animales
del Artico sufrieron las consecuencias de este proceso. Los caribús
fueron exterminados por el efecto combinado de la caza desenfrenada y
la destrucción de su hábitat; en efecto, enormes extensiones de bosque
fueron taladas e incendiadas, y los musgos y los líquenes, que
bastaban por sí solos para garantizar la supervivencia de las manadas
durante todo el invierno. desaparecieron junto con los árboles.
Sólo en 1.958 el
mundo conoció en toda su crudeza la verdadera situacón de los
esquimales del Canadá; su vida media apenas llegaba a los 25 años, la
mortalidad infantil era superior a un 26% y uno de cada ocho estaba
enfermo de tuberculósis.
Hasta finales de la
década de los 50 la mayoría de los canadienses y de los americanos,
estaban acostumbrados a considerar el Artico como una extensión de
tierras inútiles y estériles. Pero cada vez era mayor la convicción de
que debajo de la capa helada del Artico se escondían extraordinarios
recursos susceptibles de aprovechamiento económico. El descubrimiento
de los vastos yacimientos minerales del Artico, sobre todo de
petróleo, dieron origen a lo que sería otra fiebre del oro. Al mismo
tiempo esta región del globo había adquirido también una gran
importancia estratégica, y consecuentemente fue pronto escenario de
una intensa actividad militar. En plan experimental algunos esquimales
fueron contratados para trabajar en las minas de níquel. Al cabo de
dos años, que hasta entonces no habían conocido una sociedad más
compleja que la de cazadores de focas y zorros, habían traspasado la
barrera del tiempo y ejecutaban con eficiencia casi todas las
operaciones de la minería.. Desde 1.965, la base de la sociedad
esquimal - la caza con trampas - ha desaparecido prácticamente. Casi
todas las familias de esquimales del Canadá viven actualmente en
campamentos costeros montados y organizados por el gobierno. Por
desgracia, no han tenido verdadera oportunidad de organizarse una
existencia en el mundo tecnológico moderno, con la consecuencia de que
hoy la mayoría, incapaz de volver a las costumbres de los viejos
tiempos y sin ninguna otra salida profesional, vive de la limosna y de
las ayudas del gobierno. Para los esquimales de Alaska, sin embargo,
el cambio fue menos súbito y dramático. Su incorporación a la economía
de mercado y a la sociedad blanca de la frontera comenzó hace ya dos
generaciones. Pero también en Alaska los nativos - indios o esquimales
- sufren múltiples discriminaciones.
Rusia comprendió la
importancia de las regiones árticas mucho antes que Canadá y Estados
Unidos. En Siberia existen ricos yacimientos de oro, diamantes, estaño
y otro minerales. En la década de los 50, cuando los soviéticos
comenzaron seriamente la colonización de las regiones árticas, pudo
comprobarse que estas poseían todo lo necesario para mantener y
alimentar una población en rápida expansión. La cría de los renos
proporciona actualmente una base económica a unos 12.000 chukchis y
esquimales. esta actividad es rentable pues los animales no necesitan
heno para su alimentación. ni requieren la construcción de establos.
Los esquimales de
Groenlandia han tenido más suerte, pues disfrutan de un bienestar
económico y un nivel cultural muy superior al de los demás. En 1.952
el gobierno danés anunció el proyecto de crear un estado autónomo
esquimal en Groenlandia, para lo cual se habían ya cumplido las bases
previas. En efecto, el analfabetismo había desaparecido desde la
lejana fecha de 1.860, mientras que todavía en 1.950 sólo un pequeño
porcentaje de esquimales canadienses sabían leer y escribir. desde los
comienzos de la colonización danesa en Groenlandia el gobierno había
controlado las factorías comerciales para impedir una explotación
abusiva de los esquimales.
Actualmente los
descendientes de aquellos hombres, que en épocas no lejanas cazaban
las focas con arpones, son maestros, obreros o técnicos, y desempeñan
un importante papel en la economía de Groenlandia; muchos trabajan en
la industria pesquera o prestan sus servicios en los observatorios y
estaciones meteorológicas.
Como sucede en el
resto del Artico, gran parte de Groenlandia ofrece unas condiciones de
vida demasiado duras para los europeos. Pero los esquimales han
logrado adaptarse a estas tierras a pesar del frío, pues son una raza
que ha adquirido a lo largo del tiempo la forma de vivir y de
prosperar en aquellas regiones inhóspitas.
Actualmente los
países cuya soberanía se extiende a las regiones árticas, y
especialmente las grandes potencias, han emprendido la explotación de
los recursos naturales.
Una de las últimas regiones de la
Tierra que hasta ahora había permanecido subdesarrollada esta
adquiriendo rápidamente una nueva fisonomía.
Los Inuit,
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También llamados esquimales,
pueblo ártico que habita en pequeños enclaves de las zonas
costeras de Groenlandia, de la Norteamérica ártica (incluidas
Canadá y Alaska) y el extremo nororiental de Siberia. El nombre
con el que se denominan a sí mismos es inuit (en
siberiano y algunas lenguas de Alaska, yuit), que
significa ‘la gente’. El nombre ‘esquimal’, que se considera
despectivo, significa ‘devoradores de carne cruda’, término con
el que de forma poco exacta les bautizaron los pueblos
algonquinos.
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AGRUPAMIENTO REGIONAL
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El pueblo inuit muestra una gran adaptación a la climatología
ártica. Como habitantes de un área que cubre más de 5.150 km,
disfrutan de un territorio geográfico mayor que cualquier otro
pueblo indígena, a pesar de tener una menor densidad de
población. De forma general, se les puede encuadrar en las
siguientes divisiones geográficas, enumeradas de este a oeste:
(1) los inuit de Groenlandia, que viven en las costas orientales
y occidentales del sur de Groenlandia, han adoptado muchos
hábitos europeos y se conocen como groenlandeses o kalaallitt
(kalâtdlit); (2) los inuit de Labrador, que ocupan la
costa desde la otra punta de Terranova hasta la altura de la
bahía de Hudson, con algunos asentamientos en el sur de la isla
de Baffin; (3) los inuit centrales, que incluyen: los del
extremo norte de Groenlandia, los de Canadá, isla de Baffin y
los del oeste de la bahía de Hudson; (4) los inuit de la isla de
Banks, incluyen los habitantes de dicha isla, los de la isla de
Victoria y demás grandes islas frente a la costa ártica central;
(5) los inuit árticos occidentales o inuvialuit, que se
encuentran a lo largo de la costa ártica occidental de Canadá;
(6) los inuit de Alaska; (7) los yuit de Alaska y (8) los yuit
de Siberia.
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HISTORIA |
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A partir de testimonios
arqueológicos, lingüísticos y psicológicos, arqueólogos y
antropólogos han llegado a la conclusión de que los inuit
emigraron a través del estrecho de Bering desde Siberia hasta la
Norteamérica ártica, mucho después que la mayoría de los
indígenas americanos. Comparten multitud de rasgos culturales
con los pueblos árticos siberianos y con sus propios parientes
más cercanos, los aleutianos. Los yacimientos arqueológicos más
antiguos identificables como inuit en el suroeste de Alaska y
las islas Aleutianas, datan del 2000 a.C. y difieren ligeramente
de los yacimientos inuit posteriores. Hacia el 1800 a.C.
surgieron en Siberia y en la región del estrecho de Bering
culturas altamente evolucionadas como la Old Whaling (Antigua
pesca de ballenas) o del mar de Bering, y otras emparentadas. En
el este de Canadá floreció la cultura Old Dorset desde el
1000-800 a.C. hasta el 1000-1300 d.C. El pueblo Dorset fue
arrasado por los inuit Thule que hacia el 1000-1200 d.C. habían
llegado a Groenlandia. Allí, la cultura inuit recibió
influencias de los colonos nórdicos medievales y, a partir de
1700, de los daneses.
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LENGUA Y
LITERATURA
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Las lenguas de los pueblos inuit
constituyen una subfamilia de la familia lingüística esquimal-aleutina.
En Alaska existe una importante división lingüística, que
depende de que los individuos se denominen a sí mismos inuit
(singular, inuk) o yuit (singular, yuk). La
rama oriental de la subfamilia —llamada generalmente inupiaq
en Alaska, pero también inuktitut en Canadá y
kalaallisut (kalâdtlisut) en Groenlandia— se extiende
desde el este de Alaska, a través de Canadá y desde el norte
hasta el sur de Groenlandia.
Está constituida por varios
dialectos, cada uno de ellos inteligible para los dialectos
vecinos, aunque no para los que son geográficamente remotos. La
rama occidental, denominada yupik, incluye tres lenguas
distintas: el yupik del centro de Alaska, el yupik del Pacífico
y el Golfo, y el yupik de Siberia, cada uno de ellos a su vez
con varios dialectos. Los dialectos inupiaq cuentan con más de
40.000 hablantes en Groenlandia y más de 20.000 en Alaska y
Canadá. La lengua yupik la hablan unos 17.000 individuos,
incluidos 1.000 en la antigua Unión Soviética. Estas diferentes
lenguas se utilizan durante el primer año escolar en algunas
zonas de Siberia, en la enseñanza religiosa y la educación en
escuelas bajo jurisdicción inuit en Alaska, y en las escuelas y
los medios de comunicación en Canadá y Groenlandia.
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ORGANIZACIÓN
SOCIAL |
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Los hábitos y costumbres de los inuit, al igual que su lengua,
son notablemente uniformes a pesar de su amplia dispersión. La
familia es la unidad social más significativa. En la cultura
tradicional, los matrimonios, aunque pactados en ocasiones,
quedan generalmente a la libre elección del individuo. La
monogamia es la costumbre frecuente, pero también se dan tanto
la poliginia como la poliandria. El matrimonio, una necesidad
virtual para la supervivencia física, se basa en una estricta
división del trabajo. Los hombres construyen las casas, cazan y
pescan, mientras que las mujeres cocinan, curten las pieles de
animales y fabrican vestimentas.
La ley social básica es la
obligación de ayudar a la propia parentela. El escarnio
comunitario constituye el medio más habitual de control social;
en casos extremos, tras prolongadas deliberaciones, un infractor
puede ser condenado al ostracismo social o incluso a muerte. Al
no existir ninguna estructura legal comunitaria, el lesionar a
alguien perteneciente a un grupo distinto pone en peligro al
propio grupo de parentesco (que debe asumir la responsabilidad
del delito) y plantea la posibilidad de un enfrentamiento
sangriento. La demostración excesiva de los sentimientos es
objeto de desaprobación. Algunos grupos controlan los conflictos
por medio de combates de lucha libre o de confrontaciones de
canto, en la que los contendientes agraviados exteriorizan
cánticos insultantes; el perdedor puede llegar a ser expulsado
de la comunidad.
Las alianzas entre individuos no
emparentados se forman y se mantienen a través del intercambio
de regalos y de las muestras de respeto. La forma más elevada de
intercambio de regalos se produce cuando el jefe de una familia
ofrece la oportunidad de mantener una relación sexual temporal
con la mujer adulta de más alta consideración de su familia. Sin
embargo, la mujer conserva el derecho a rechazar dicha relación
y, en tal caso, el respeto se simboliza a través de la ofrenda
de algo distinto.
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PROVISIÓN DE
ALIMENTOS |
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La dieta inuit tradicional se compone de pescado, focas,
ballenas y otros mamíferos marinos, cuya carne se come cocida,
desecada o congelada. Las focas constituyen el principal
alimento invernal y su recurso más preciado. Proporcionan comida
para los perros, vestidos y materiales para confeccionar botas,
tiendas de campaña y cuerdas para los arpones, así como
combustible luminoso y calórico. En el verano se cazan los
caribús en el interior de Alaska y Canadá. En menor medida
también se proveen de osos polares, zorros, liebres y pájaros
árticos, sobre todo aves marinas. La caza mayor, como la
ballena, la morsa y el caribú exigen expediciones de caza
superiores a las que están al alcance de cualquier grupo de
parentesco. Muchas familias observan un ciclo estacional de caza
y pesca que les lleva de un extremo a otro de su territorio
habitual; durante el trayecto, realizan intercambios comerciales
con otros grupos.
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VIVIENDA,
TRANSPORTE Y VESTIDO |
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Los iglúes (en inuit, iglu
‘casa’) son de dos tipos: tiendas de piel de morsa o de foca en
el verano y chozas o casas durante el invierno. Las viviendas
invernales suelen estar construidas de piedra, sobre un armazón
de maderos o barbas de ballena, con
hendiduras y
recubierto de musgo o hierbas.
Las formas tradicionales más
importantes de desplazamiento son el kayac, el oomiac y el
trineo de perros. El ligero y marinero kayac es un barco de
caza, parecido a la canoa, construido sobre un armazón de
madera, totalmente recubierto con piel de foca, excepto una
abertura redonda central en la que va
sentado el único
ocupante. El oomiac, un barco más grande y abierto, de unos 9 m
de longitud y 2,4 m de ancho, y construido también sobre un
armazón de madera recubierto de piel de morsa, se utiliza para
las expediciones balleneras y, en ocasiones, para transportar a
las familias y las mercancías. El trineo, tirado por un conjunto
de los llamados perros esquimales adiestrados para tal fin, es
muy común entre todos los inuit excepto los del sur de
Groenlandia. Con la adquisición de hierro mediante intercambios
comerciales, los patines de este metal sustituyeron en gran
medida a los construidos con marfil o barbas de ballena. En esta
última mitad del siglo, las motoras y los trineos a motor han
adquirido gran importancia como medios de desplazamiento.
La vestimenta tradicional de
los inuit, tanto para hombres como para mujeres, está compuesta
por botas impermeables, pantalones de doble capa y parka,
un chaquetón ajustado de doble capa con capucha, todo él
fabricado en piel. Una capucha de mayor tamaño forma una cómoda
cuna para los recién nacidos.
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ARTES Y
OFICIOS |
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Desde los tiempos prehistóricos,
los utensilios inuit han sido célebres por su esmerada
fabricación y la artesanía de su ornamentación tallada. El
marfil procedente de las morsas y las ballenas, el material más
accesible para confeccionar tallas, se transforma en figurillas
que representan animales y personas. La madera de playa y las
barbas de ballena se tallan para confeccionar máscaras
ceremoniales, algunas de tamaño tan reducido que se llevan en
los dedos de las mujeres durante las danzas rituales. Tras el
contacto iniciado en el siglo XVIII con los comerciantes
europeos, canadienses y estadounidenses, los inuit también
fabricaron, como artículos comerciales, colmillos tallados y
objetos de marfil y de barbas de ballena tales como bastones y
tableros de cribbage.
A partir de 1950, el gobierno
canadiense, preocupado por las presiones que progresivamente
estaban forzando a los inuit hacia una economía dineraria,
fomentó la talla y venta de esculturas muy elaboradas de
esteatita. La escultura y el estampado, comercializados en
régimen de cooperativa, se han convertido en los pilares de la
economía de los inuit canadienses y en una de las facetas más
conocidas de su cultura.
Las artes teatrales inuit se
centran en los cánticos y danzas ceremoniales. Algunas canciones
mágicas se consideran propiedad personal y pueden ser objeto de
venta o intercambio. El principal instrumento musical es el
tambor plano en forma de pandereta que tocan los
chamanes.
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ADAPTACIÓN AL
CAMBIO |
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A
finales del presente siglo, los inuit han comenzado a formar
organizaciones privadas para defender sus intereses. Estas
organizaciones han influido, por ejemplo, en la resolución de
las reivindicaciones de tierra. La Conferencia Circumpolar Inuit,
fundada en 1977, se reúne cada tres años y proporciona a los
inuit de Groenlandia y de Norteamérica un centro de reunión para
debatir problemas comunes, presionar en favor de la
representación inuit en la planificación del desarrollo
económico y promover la
conservación del
medio ambiente. |
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