Groenlandia   Laponia   Svalbard   Noruega   Islandia   Antártida   Siberia   Patagonia   Alaska   Canadá   Los Polos



















 

          

Groenlandia
Donde el mundo se acaba

Ricardo López Valverde, nuestro especialista y una de las personas que mejor conoce Groenlandia y los inuits, ha escrito  este bonito libro donde se recogen los aspectos culturales, históricos, tradiciones y hacia donde va este enigmático y desconocido pueblo.



C/ Ferrocarril, 6
28045 Madrid
Tlf:      91 859 89 21
Móvil: 636 15 72 32

 
info@greenlandadventure.com


 



   Los Polos,

 

En el orden natural de nuestro planeta, las regiones polares ocupan una posición única. En ellas, extremos auténticos de la Tierra, reina el frío, antítesis de la vida. Las capas de hielo de Groenlandia y de la Antártida son desiertos helados, sin más vida que bacterias invisibles y esporas. Sin embargo, esos enormes depósitos glaciares influyen en todo el globo terráqueo, aunque la gente que vive lejos de ellos no lo advierte. Los efectos de sus tormentas y sus ondas frías llegan a todas partes, regulando así el ambiente en que han prosperado tantas civilizaciones.

Los polos,  remotos y hostiles, han despertado siempre siempre el espíritu de aventura y curiosidad del hombre. Ante la arrolladora revolución tecnológica, El Artico se ha convertido en fuente de petróleo y gas; y quizá mañana serán explotadas ambas regiones polares para aumentar la producción de alimentos y minerales que necesita la creciente población mundial. 

Hoy, nueve de cada diez personas viven en países que colindan con la Cuenca Boreal, y las naciones más poderosas circundan el Polo Norte. Desde que el hombre dominó el aire, las encrucijadas del transporte han cambiado, y actualmente la Cuenca Boreal se ha convertido en un nuevo Mar Mediterráneo. Aviones lo atraviesan al volar por la ruta transpolar, la más corta entre dos continentes. 

En cierto sentido los polos son abstracciones: los antiguos griegos fueron capaces de imaginar ambos polos en los extremos de la Tierra 3.000 años antes de que Peary y Amundsen los descubrieran. Pero los polos son reales, sin duda alguna y muy distintos. Por ejemplo, al describir la relación entre uno y otro polo se puede decir que el boreal es una cavidad en la cima del mundo y el austral, una protuberancia en el fondo del globo: como si la presión de un pulgar cósmico hubiera deprimido la Tierra, se hubiesen manifestado inmediatamente en forma de una hinchazón en el segundo. La depresión superior, por supuesto, es el océano Artico, el más pequeño de todo el mundo; y la protuberancia inferior, el continente de la Antártida. Tal comparación de estas verdaderas antípodas revela la notable exactitud del contraste entre una y otra. En tamaño son casi iguales: el océano Artico abarca una superficie de 14.100.000 km2, y la Antártida, 13.209.000 km2. La profundidad media del océano Artico es de 1.280 m, y 1.828 m la altitud media de la Antártida, lo cual significa que es el más elevado de los continentes. Hasta la profundidad máxima del océano Artico, 5.335 m, tiene su antípoda en la cumbre más alta de la Antártida, el macizo de Vinson, en los montes Ellsworth, que se eleva hasta 4.058 m sobre el nivel del mar. Lo más asombroso de todo es una similitud en configuración tan marcada, que algunas regiones polares casi podrían ser sobrepuestas unas sobre otras y encajar perfectamente; por ejemplo, en la única entrada mayor del océano Artico -a lo largo de la costa oriental de Groenlandia- empalmaría de maravilla la Península Palmer, único brazo marítimo del continente antártico.

Por ende, el Artico y el Antártico son tradicionalmente opuestos: “polos aparte”, como solemos decir. Pero antes de analizar sus diferencias veamos lo que les asemeja. Por ejemplo, ambos tienen una “pérdida neta” de calor solar (mientras los trópicos tienen una “ganancia neta”). En su condición actual –áreas de clima frío y tempestuoso- las capas de hielo del norte y del sur son remanentes de las grandes extensiones de témpanos de hielo que cubrieron el mundo hace apenas unos millones de años. Durante miles de millones de años antes, el clima en los polos fue cálido y uniforme.

Las regiones polares asimismo se asemejan en que producen raros fenómenos luminosos, además de las fantasmagóricas tinieblas diurnas y las resplandecientes noches ocasionadas por la inclinación de la Tierra. El Artico y la Antártida nunca cesan de asombrar y confundir al viajero de latitudes inferiores con sus fantásticos espejismos, obra de la reflexión de los rayos solares oblicuos al atravesar capas de aire frío. En los cielos polares también se presentan frecuentes parhelios, paraselenes y otros extraños fenómenos celestes, raras veces vistos en otra parte; así como, en particular, esos típicos alardes de fulgor majestuoso llamados aurora boreal y aurora austral. 

De todas las diferencias que existen entre las dos regiones polares, la mayor es la capacidad de la Antártida para acumular más hielo –hasta ocho veces más- que el Artico, porque aquella, como continente, conserva mal el calor, mientras éste, como océano, puede almacenar más calor en el verano y moderar el frío invernal. Todo el continente antártico, menos un angosto borde, está cubierto por una capa de hielo de más de 1.600 m de espesor. En el Artico, las últimas masas de hielo de la edad glacial nunca cubrieron el Polo Norte, sino que se extendieron desde diferentes puntos, cientos de kilómetros al sur, lo único que queda de ellas son las capas de hielo de Groenlandia y algunos puntos aislados del Artico septentrional. 

El corazón de la Antártida es una bóveda formada por glaciares de edades remotas. Si el Artico es un área desértica, que se puede decir de la Antártida donde apenas hay humedad. Casi en la cima de la bóveda de 3.962 m de alto, en el llamado “polo de inaccesibilidad” (a 643 km del propio Polo Sur), hace tanto frío que el aire no puede retener mucho vapor de agua y las nevadas son leves. En todo el continente, la precipitación no pasa de 13 cm de nieve. Sin embargo, aún esta raquítica precipitación se conserva gracias a las temperaturas extremadamente bajas. La helada superficial rechaza hacia el espacio hasta el 90% del calor del Sol, menos intenso en los polos que en cualquier otro lugar de la Tierra porque los rayos solares caen en oblicuo. Sobre la superficie, la nieve se transforma en partículas de hielo cuya densidad aumenta de acuerdo con la presión y las cuales se derriten en la superficie pero más abajo se congelan y crecen hasta tener un diámetro de 5 cm a 20 ó 30 m de profundidad. Al cabo de un millón de años de persistente acumulación estas diminutas masas de hielo se transforman en los arrolladores glaciares.

Para que los glaciares se desarrollen se necesita que absorban, por lo menos, tanta nieve como la que pierden todos los años por derretimiento y evaporación. Aparentemente, la mayoría de los glaciares no están conservando el equilibrio, y hay muchos como los del fiordo Lyngen, que hasta hace algunas décadas solían asomarse al mar y que ahora se han refugiado en los lejanos valles de Noruega. Pero los científicos no osan asegurar que el banco de hielo de la Antártida, actualmente el mayor de todos los glaciares, ya se esté encogiendo. Todavía pesa tanto que ha hecho que la flexible corteza elástica de la Tierra baje a menos del nivel del mar en muchas áreas. Este fenómeno, en un tiempo, obligó a varios científicos de diversos países a preguntarse si la Antártida sería un continente o tal vez una cadena de islas. Sondeos sísmicos de hielo efectuados durante el Año Geofísico Internacional de 1.957-58, y más tarde, confirmaron que la Antártida es un continente. También probaron que casi toda la Tierra de María Byrd está ya tan abajo del nivel del mar que aunque se la liberara del peso del hielo no podría resurgir. Conforme a este descubrimiento, los cartógrafos pueden trazar una bahía donde antes aparecía una parte de la Tierra de María Byrd. 

Pero ya sea hacia atrás o hacia delante, la capa helada de la Antártida se mueve. Toda masa de hielo busca su propio nivel, como el agua, pero con más lentitud. El copo de nieve que cae en el Polo tal vez necesite miles de años para abrirse paso hasta el océano. Pero llega a su meta. El banco de hielo se desliza hasta las montañas costaneras, empieza a acumularse junto a estas, luego las escala y se desborda en un “torrente plástico” capaz de empujar parte del hielo hasta una distancia de 760 m por año. 

La fuga del banco de hielo hacia el mar ha producido el peculiar fenómeno polar conocido como “la barrera de hielo”. Después de triturar todos los obstáculos, las enormes masas de hielo se abren paso a través de la nevada costa y se arrojan al agua. Todavía en su forma glacial. En el mar de Ross, la barrera y la sólida plataforma de hielo que la une con el continente, comprende un área de 804 km de largo por 643 de ancho. Donde choca con el mar abierto y se desgaja en enormes icebergs, la barrera se transforma en un muro liso de hielo haste de 45 m de altitud. Los iceberg, “tabulares”, y planos, no tan pintorescos como los témpanos de hielo que flotan desde Groenlandia hacia el sur, pero sí más grandes: con frecuencia tienen hasta 2.500 km2 de superficie y 300 m de espesor.

Si la Antártida es el sostén principal de la capa de hielo, el Artico es el congelador mayor de hielo de mar. Cuando la temperatura del agua salada desciende a -2ºC empieza a formarse hielo en el mar. Durante el invierno ártico se forman capas de hielo de mas de 3.000 km de extensión en la Cuenca Polar. Esta gran extensión de témpanos de hielo flota, y muchos de sus témpanos duran años. Se derriten parcialmente en el verano y crecen de nuevo durante el invierno y en ocasiones alcanzan un espesor hasta de cuatro metros antes de que las corrientes los arrastren. A veces, extensiones de hielo impulsadas por el viento o las corrientes chocan y forman “fallas”. Después de un largo proceso de trituración la superficie se convierte en fragmentos de hielo. En la primavera el hielo comienza a derretirse, lagunas de agua dulce invaden su superficie y se forman grandes canales. 

En la Antártida también hay una gran extensión de témpanos de hielo que durante el invierno cubren bahías y golfos, y cientos de kilómetros de mar pudiendo “despachurrar” un buque –igual que el hielo del Artico- como lo comprobó Ernest Shackelton cuando en 1.915 su nave Endurance quedó aprisionada por el hielo en el mar de Weddell. Sin embargo, es un poco más facil navegar a través del hielo en la región antártica que en el Artico, porque los vientos del sudeste alejan las masas heladas de la costa y durante el verano de cuatro a ocho semanas tal vez se puede encontrar un canal despejado, cerca del litoral. 

Los vientos australes no tienen igual. Salen de la helada bóveda polar en forma de remolinos, con una ferocidad tremenda. Rugiendo a través de las latitudes antárticas, chocan contra los vientos occidentales que soplan alrededor del globo, justamente al sur del Cabo de Hornos y de Australia y regresan al polo o incuban tempestades que azotan el Atlántico del Sur, el Pacífico y el océano Indico. Los efectos de esta circulación de aire frío son igualados por los de las “aguas bentónicas” del Antártico, que enfría los océanos y contribuye a regular el clima en el mundo. 

El continente antártico, dice Frank Debenham, uno de los geólogos de la expedición de Scott, es “la morada del viento”. El aire, frío y por ende pesado, fluye eternamente, cuesta abajo, desde la altiplanicie. A lo largo de los diques montañosos que bordean parte del continente, los vientos empujan la nieve rumbo al mar en terribles ventiscas que reducen la visibilidad a menos de un metro. Algunas veces soplan ráfagas hasta de 320 km/h. Lo peor del viento austral es que pocas veces amaina.

En el mismo centro del continente el aire es relativamente calmado y frío. En la estación meteorológica norteamericana del Polo Sur, la temperatura frecuentemente desciende de –73,3ºC. La temperatura más baja de la Tierra, -88ºC, fue registrada el 24 de agosto de 1.960 en la estación rusa de Vostok, a 700 m de altura sobre el nivel del Polo. Cerca de la costa no hace tanto frío, pero ni en el verano, cuando el sol derrite la nieve de las rocas y deshiela algunas charcas de escasa profundidad, mejora mucho el clima. En realidad, salvo en la Península Antártica, en ningún mes del año sube a más de cero la temperatura media de la Antártida. 

El clima del Artico es más moderado y menos inhospitalario. Durante el invierno, empero, hace mucho frío: en muchos lugares se registran temperaturas de –51ºC. Pero mientras el casquete polar de la Antártida está totalmente congelado, debajo de la gran extensión de témpanos del hielo flotante del Artico existe un mar que sin duda modera el clima. Por eso, el punto más frío del norte no está cerca del polo geográfico, sino a unos 2.400 km al sur, en Siberia, entre las dos poblaciones de Verjoinsk y Oymyakon, donde el termómetro ha descendido hasta –67,7ºC. Pero en verano la temperatura media de Vierjoinsk llega hasta +15,6ºC, y durante esta breve fase calurosa del Artico cobran vida ciertos organismos, lo cual nunca ocurre en la Antártida. Los veranos pueden ser muy calurosos en el Artico. A veces el termómetro permanece estable hasta un mes y el calor estival y la humedad que este irradia hacen posible la aparición de una sorprendente abundancia de vegetación. Además de musgos, líquenes y algas, surgen cientos de clases de plantas fanerógamas hasta en la remota Tierra de Peary. La tierra más septentrional del mundo. 

Desde las alturas una gran parte del Polo Norte semeja un mundo en formación. Donde la vasta capa de hielo se disuelve, se ve un terreno rocoso, surcado por tantos arroyos, fangales y charcos que mas que tierra parece un lago. La vegetación paulatinamente va invadiendo esta región y el proceso de creación de nuevos suelos es evidente. Charcas y recodos de antiguos ríos se llenan de plantas acuáticas; luego hierbas pantanosas. En condiciones propicias, las plantas acuáticas y terrestres continúan aprovechando agua hasta que el depósito se convierte en un pequeño círculo y finalmente desaparece dejando un fértil mantillo seco. 

Normalmente, este proceso daría por resultado una constante formación del mantillo, pero en el Artico las condiciones no son normales; además, se necesitan muchos siglos para que el tiempo restaure los daños causados por una edad glacial. La falta de bacterias en la tierra y en el aire demora la formación del mantillo: en muchas áreas se han formado turberas tan ácidas que apenas pueden sustentar unos cuantos tipos de plantas. Por otra parte, casi toda la superficie del Artico es tierra congelada permanentemente hasta una profundidad media de 487 m. La corteza de tierra congelada tiene menos espesor cerca de los litorales que en las áreas interiores.

Durante el verano se descongela la superficie de la corteza; y en esta húmeda capa superior es donde las plantas arraigan y retoñan. La línea divisoria entre la vida y la muerte es muy tenue, pero cuando llega el efímero verano ártico, las diminutas plantas fanerógamas lo aprovechan y extienden, desafiantes, su alfombra multicolor. Pero el permanentemente congelado subsuelo resta estabilidad a la faz del suelo ártico. A lo largo de la desolada frontera septentrional, y a orillas de la tundra, ningún árbol puede echar raíces profundas.Los árboles crecen torcidos, por ello los naturalistas hablan de “bosque borracho”. 

El contraste final entre las regiones ártica y antártica se refleja en lo diferente del aspecto y de la estructura de sus masas. En el Artico, generalmente plano y despejado, existen abundantes pruebas de un remoto pasado distinto. En el oeste de Spitzberg, por ejemplo, hay muchos fiordos cuyos acantilados muestran franjas horizontales de cientos de kilómetros de extensión formadas por estratos sedimentarios. En dichas franjas se encuentran fósiles de animales de mares tibios, hojas y troncos de bosques tropicales, maderos petrificados y agujas del árbol gigante Metasequoia. Tales evidencias pueden ser encontradas en otras áreas, como Groenlandia.

Muchos de estos sedimentos bentónicos han quedado a cientos de metros sobre el actual nivel del mar, debido a la elevación de la costa terrestre o al retroceso de los océanos. En algunos lugares, playas de épocas antiguas parecen escalar los montes y en otros, terrenos distantes muchos kilómetros del mar conservan fósiles de mamíferos marinos relativamente modernos. 

Una gran parte de la Antártida, sin embargo, es accidentada y montañosa, con litorales escarpados y sin auténticas llanuras costaneras. Aquí y acullá se ven valles desnudos, con muros rocosos azotados por el viento, y pequeñas depresiones que simulan oasis. Varias cordilleras asoman por entre la capa de hielo, y entre ellas destacan las montañas Tranasantárticas, que dividen en dos al continente. 

El extremo de la Antártida con la superficie más desabrigada es el de la abrupta península Palmer, que se extiende 320 km más allá del Círculo Antártico hasta una latitud comparable a la del centro de Noruega. La punta de la península está apenas a 965 km del extremo más meridional del continente americano. Aquí hay más vegetación que en cualquier otra parte de la Antártida. Sin embargo, no es muy abundante. Sólo existen tres especies de plantas fanerógamas. Y entre sus líquenes y musgos pulula la variedad mayor de animales terrestres del continente: unos cuantos gorgojos cerca de las colonias de pingüinos, garrapatas, apterigógenos, piojos y moscas. Pero aún estas especies deben ser capaces de subsistir casi todo el ño en estado de congelación y descongelarse durante un breve periodo para vivir y procrear al amparo de los rayos directos del sol.

Empero, las regiones polares no han sido siempre tan frías. Desde que el capitán C.A. Larser, al mando del Jason, descubrió fósiles de helechos, moluscos y coníferas en la Antártida en 1.893, los exploradores y los científicos han estado descubriendo otros semejantes, troncos de árbol petrificados y yacimientos de carbón en ambas regiones polares. Las pruebas indican que el Artico y la Antártida fueron en un tiempo relativamente calientes. 

¿Por qué entonces se enfriaron tanto las regiones polares? Entre las muchas teorías propuestas, una sostiene que la cantidad de energía solar que llega a la Tierra ha disminuido con los milenios. Otra sugiere que la Tierra se ha bamboleado lentamente sobre su eje, haciendo así cambiar la ubicación de los polos. Una tercera teoría, aceptada generalmente desde fines de los años sesenta , es una ampliación de otra, más antigua, desechada hoy por casi todos los científicos: la de la deriva continental. Tiene varias versiones. Una de ellas afirma que hace millones de años toda la tierra del planeta formaba un supercontinente. Hace unos 120 millones de años esa masa terrestre empezó a fragmentarse. En el hemisferio austral, Suramérica se separó primero, y luego hicieron lo mismo los fragmentos que se convirtieron en Africa y la India. Esta última chocó más tarde con Asia formando así el Himalaya. La Antártida se separó de Australia y pasó al Polo Sur. Esta teoría se confirmo a fines de 1.969 cuando se descubrió cerca del Polo Sur los restos fósiles de un reptil de 200 millones de años de antigüedad, que suelen encontrarse en Africa y Asia. 

Cuando la Antártida y la parte de la corteza terrestre que contenía el océano Artico se movieron a las regiones polares, según dice la teoría, se enfriaron porque recibían la menor cantidad de energía solar. Nevó. Se formaron gigantescos glaciares en la Antártida y en las masas terrestres que rodeaban el Artico. Las blancas inmensidades aumentaron la luz solar reflejada al espacio y redujeron aún más la temperatura de estas regiones. Por ello, la Antártida se convirtió en un continente cubierto de hielo y el Artico en un océano helado. Aunque hoy los científicos creen saber como se formaron las regiones polares, hay muchas cosas que siguen siendo misteriosas, y por esa razón son un incentivo muy importante para la investigación.


 
 
Territorios
Groenlandia
Alaska
Canadá
Finlandia
Noruega
Siberia
Islandia

 

Ciencia
Auroras Boreales
Calentamiento del clima
    
Centinelas de los        desórdenes climáticos
    
La fauna y flora polares ante el gran recalentamiento
    
Primeras víctimas del recalentamiento climático
     ¿Y si la Corriente del Golfo se detuviese?
     La historia del ozono
     Los satélites, al servicio de la investigación polar
    
Vigilancia atmosférica permanente desde Spitzberg
Año Internacional Polar 2007/08.
El informa ACIA
Disminución población osos polares.
El  laboratorio de la Antártida
Glaciología
 

Pobladores
Los pobladores del Ártico
Sedna. La hija del mar.
Los inuits de Alaska
Los inuits de Canadá
     
Los Netsilik
     
Tierra de Baffin
      Igluliq

Los inuits de Groenlandia
     
Los esquimales del polo
      Groenlandia Occidental
      Los Ammassalamiut

Pobladores de Siberia
     
Los Chukchi
      Los Hanty y los Mansy
      Los Nentsi
      Los Altaicos
      Los Tuvintsi
      Los Yakutos
      Los Evenki
      Los Nivkhi-Sajalin
      Los Koriaks

Los vikingos
Los Lapones
 

Los Polos
Polo Norte Geográfico
Polo Sur
Polos  magnéticos
Diferencias polares
¿Porqué está helado el Polo Norte?

El Ártico
El reino de los hielos
Dramática prosperidad del Artico
El mundo de la tundra
Animales del Artico

La Antártida
La Antártida
Tratado Antártico
Bases de investigación
Base Gabriel de Castilla
Base Juan Carlos I

Reportajes
Una llamada al mundo.
Mongolia, los nómadas de la estepa asiática.
Groenlandia en kayak
La dura vida polar
El sufrido esquimal
La religión esquimal
Los chamanes.
Música Inuit.
Jean Malaurie.

Expediciones
Historia de la investigación polar.
Shackleton
Nansen
Scott.
Amundsen
Peary
La heroica marcha de Henson y Peary.

Recomendaciones
Libros
Revistas
Películas
Música
Conferencias
Exposiciones
Pintura inuit

Países
Groenlandia
Alaska
Canadá
Finlandia
Noruega
Siberia
Islandia

 

Ciencia
Auroras Boreales
Calentamiento del clima
Año Internacional Polar 2007/08.
El informa ACIA
Disminución población osos polares.
El  laboratorio de la Antártida
Glaciología
 

Pobladores
Los pobladores del Ártico
Los inuits de Alaska
Los inuits de Canadá
Los inuits de Groenlandia
Pobladores de Siberia
Los vikingos
Los Igluliq
Los samis

Los Polos
Polo Norte Geográfico
Polo Norte magnético
Polo Sur
Diferencias polares
Polos Geomagnéticos

El ártico
El reino de los hielos
Dramática prosperidad del Artico
El mundo de la tundra
Animales del Artico
 

La Antártida
Tratado Antártico
Bases de investigación
Bases militares
Base Gabriel de Castilla
Base Juan Carlos I

Reportajes
Mongolia, los nómadas de la estepa asiática.
Groenlandia en kayak
La dura vida polar
El sufrido esquimal
Expediciones mediáticas.  ¿Mandan los medios?
 

Expediciones
Historia de la investigación polar.
Shackleton
Nansen
Scott.
Amundsen
Peary
La heroica marcha de Henson y Peary.

Recomendaciones
Libros
Revistas
Películas
Música
Conferencias
Exposiciones
Pintura inuit

                                                                                                                                                                                      

                                                                                                                                      Nota legal   Créditos