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El rápido movimiento giratorio y el núcleo de hierro y níquel de
nuestro planeta generan un campo magnético extenso, que, junto con la
atmósfera, nos protege de casi todas las radiaciones nocivas
provenientes del Sol y de otras estrellas. La atmósfera de la Tierra
nos protege de meteoritos, la mayoría de los cuales se desintegran
antes de que puedan llegar a la superficie.
De nuestros viajes al espacio, hemos
aprendido mucho acerca de nuestro planeta hogar. El primer satélite
americano, el Explorer 1, descubrió una zona de intensa radiación,
ahora llamada los cinturones de radiación Van Allen. Esta capa está
formada por partículas cargadas en rápido movimiento que son atrapadas
por el campo magnético de la Tierra en una región con forma de dona
rodeando el ecuador. Otros descubrimientos de los satélites muestran
que el campo magnético de nuestro planeta está distorsionado en forma
de una gota debido al viento solar. También sabemos ahora que nuestra
fina atmósfera superior, que antes se creía era calmada y sin
incidentes, hierve con actividad creciendo de día y contrayéndose en
las noches. Afectada por los cambios en la actividad solar, la
atmósfera superior contribuye al tiempo y clima en la Tierra.
Además de afectar el clima en la Tierra,
la actividad solar genera un fenómeno visual dramático en nuestra
atmósfera. Cuando las partículas cargadas del viento solar se quedan
atrapadas en el campo magnético de la Tierra, chocan con moléculas de
aire sobre los polos magnéticos de nuestro planeta. Estas moléculas de
aire entonces empiezan a emitir luz y son conocidas como las auroras o
las luces del norte y del sur.
El estudio de la intensidad del campo
magnético de la Tierra es valioso desde el punto de vista de la
ciencia pura y de la ingeniería y también para la prospección
geológica de minerales y de fuentes de energía. Las mediciones de
intensidad se hacen con instrumentos llamados magnetómetros, que
determinan la intensidad total del campo y las intensidades en
dirección horizontal y vertical. La intensidad del campo magnético de
la Tierra varía en diferentes puntos de su superficie. En las zonas
templadas asciende a unos 48 amperios/metro, de los cuales un tercio
se da en dirección horizontal.
Recientes estudios de magnetismo
remanente (residual) en rocas y de las anomalías magnéticas de la
cuenca de los océanos han demostrado que el campo magnético de la
Tierra ha invertido su polaridad por lo menos 170 veces en los pasados
100 millones de años. El conocimiento de estas modificaciones,
datables a partir de los isótopos radiactivos de las rocas, ha tenido
gran influencia en las teorías de la deriva continental y la extensión
de las cuencas oceánicas.
El fenómeno del magnetismo terrestre es
el resultado del hecho de que toda la Tierra se comporta como un
enorme imán. El físico y filósofo natural inglés William Gilbert fue
el primero que señaló esta similitud en 1600, aunque los efectos del
magnetismo terrestre se habían utilizado mucho antes en las brújulas
primitivas.
Polos magnéticos,
Los polos magnéticos de la Tierra no
coinciden con los polos geográficos de su eje. El polo norte magnético
se sitúa hoy cerca de la costa oeste de la isla Bathurst en los
Territorios del Noroeste en Canadá, casi a 1.290 km al noroeste de la
bahía de Hudson. El polo sur magnético se sitúa hoy en el extremo del
continente antártico en Tierra Adelia, a unos 1.930 km al noreste de
Little America (Pequeña América).
Las posiciones de los polos magnéticos
no son constantes y muestran notables cambios de año en año. Las
variaciones en el campo magnético de la Tierra incluyen una variación
secular, el cambio en la dirección del campo provocado por el
desplazamiento de los polos. Esta es una variación periódica que se
repite después de 960 años. También existe una variación anual más
pequeña, al igual que se da una variación diurna, o diaria, que sólo
es detectable con instrumentos especiales.
La tierra tiene dos polos magnéticos que
no son constantes y se mueven, aunque ligeramente, de año en año.
Actualmente, el Polo Norte magnético está situado cerca de la costa
oeste de la isla Bathurst, en los Territorios del Noroeste de Canadá.
Por su parte, el Polo Sur magnético está hoy en el extremo del
continente antártico, en Tierra Adelia. Los científicos se muestran
cada vez más preocupados porque las oscilaciones son mayores cada año,
lo que afecta especialmente a las brújulas, que como se sabe apuntan
siempre al norte magnético.
Los científicos
creen que el Polo Norte magnético podría desplazarse desde el norte de
América hasta Siberia durante el próximo medio siglo,
El estudio
de sedimentos en el Ártico ha podido demostrar que no es la primera
vez que se producen estos cambios
Según los científicos, el Polo Norte
magnético se está moviendo a tal velocidad que, en menos de medio
siglo, podría desplazarse desde el norte de América, donde está en la
actualidad, hasta acabar en Siberia. Sin embargo, no es la primera vez
que se detecta este fenómeno. Estudios anteriores demostraron que la
potencia del escudo magnético de la Tierra ha caído un 10% en los
últimos 150 años, y en ese mismo periodo de tiempo el Polo Norte
magnético se trasladó unos 1.100 kilómetros hacia el Ártico.
Los investigadores han analizado el
sedimento de varios lagos del Ártico para poder demostrar estas
teorías. De esta forma descubrieron que el campo magnético boreal se
ha trasladado con frecuencia en los últimos mil años entre Canadá y
Siberia, aunque a veces también derivó en otras direcciones distintas.
Un paleomagnetista de la Universidad de
Oregón, Joseph Stoner, señaló durante el encuentro de la Unión
geofísica de Estados Unidos celebrado en San Francisco que los
movimientos actuales "pueden formar parte de unas oscilaciones
cíclicas, por lo que quizá después de viajar hasta Siberia luego
vuelve a desplazarse nuevamente a Canadá". |